Teoría Jurídica Del Delito

Aspectos Sobre La Teoría Jurídica Del Delito


I.- INTRODUCCIÓN.-

Como señala Mir Puig cada modelo de Estado exige una particular concepción del Derecho Penal y de su función. La imagen del Estado Social y Democrático de Derecho del Estado ofrece el punto de partida para determinar la función del Derecho Penal tanto en la Teoría de la pena como en la del delito.


Con las definiciones que del Derecho Penal ofrece la doctrina pueden hacerse, siguiendo a Sainz Cantero, dos grupos: las que destacan los aspectos formales y las que expresamente mencionan su contenido sustancial. Pero tanto en unas como en otras se hace referencia a la trasgresión penal y a su consecuencia jurídica, encontrando su origen en la fórmula de Von Listz, para el que “Derecho Penal es el conjunto de reglas jurídicas establecidas por el Estado que asocian al crimen como hecho, la pena como legítima consecuencia”. Esta definición nos permite diferenciar claramente los dos grandes pilares del Derecho Penal: el delito y la pena.


Sin olvidar la notoria importancia que la teoría de la pena esta experimentando en la actualidad no cabe duda de que la cuestión sistemática y estructural más relevante en el campo de la Ciencia Penal reside y, posiblemente lo seguirá siendo, la teoría jurídica del delito. Pues no en vano algunos autores como Roxin consideran que la dogmática de la teoría general del delito es desde siempre la parte nuclear de todas las exposiciones de la parte general (1).


En efecto uno de los temas más complejos, que más literatura jurídico penal ha arrojado en el ámbito de la dogmática penal (2) y que más enfrentamientos doctrinales ha ocasionado es la determinación de los caracteres que debe revestir un hecho para ser constitutivo de delito. Los más reconocidos juristas, mediante abstracción hecha de los tipos de la parte especial pretenden aunar en un solo sistema los elementos comunes a todos los delitos o ampliar grupos de los mismos que permitan la comprensión del ordenamiento jurídico penal y revistan de seguridad jurídica a todo el sistema facilitando el análisis particularizado de cada delito.


Por ello definir el delito ha sido una de las cuestiones más debatidas en el ámbito jurídico penal pues cada Escuela y cada Tratadista ha intentado definir el delito de acuerdo con los principios que dominan su orientación.


En un primer momento las definiciones de la doctrina del delito son exponente del puro legalismo: “Delito es lo prohibido por la ley” (Benthan. Tissot). Esta concepción puramente legalista estaba necesariamente condenada al fracaso, pues asignar el nombre de delito a lo que infringe la ley, es encerrarse en un círculo vicioso.


La falta de trascendencia del legalismo hizo que los autores basándose en una definición marcadamente sustancial del delito (al margen del derecho positivo) se orientasen en un sentido más filosófico y sociológico buscando dar una definición de delito válido para todo tiempo y lugar.


Así y de forma somera, desde una perspectiva filosófica cabe citar aquellas nociones que identifican el delito con la infracción de un deber (formula de Rossi) o con la violación de un derecho (según Frank o Pessina) o incluso las que se refieren al elemento del perjuicio (Romanegsi). Pero sin duda la mayor aportación es la realizada por Camara para quien el delito era “la infracción de la ley del Estado, promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos, resultante de acto externo del hombre, positivo o negativo, moralmente imputable o políticamente dañoso”.


La dirección sociológica esta representada por los positivistas italianos, y en especial por Garófalo, quienes llegan a la conclusión de que hay dos sentimientos fundamentales: el de piedad y el de probidad. Así estima este autor que el “delito social o natural es una lesión de aquella parte del sentido moral que consiste en los sentimientos altruistas fundamentales (piedad y probidad) según la medida en que se encuentran en las razas humanas superiores, cuya medida es necesaria para la adaptación del individuo a la sociedad”.


Claro es que, en estos dos sentimientos no queda encerrado todo el catálogo de delito. Hay hechos que no atacan a estos dos sentimientos, por tanto podemos hablar de una delincuencia natural constituida por los afines a los sentimientos de piedad y probidad y una delincuencia artificial que comprendería a los demás delitos.


Con visión correctora de las tesis anteriores se inicia una nueva tendencia basada en que sólo la ley positiva es capaz de ofrecer a la ciencia del Derecho Penal los elementos necesarios para configurar una definición del delito, definición que para ser científica habrá de ser “básicamente formal” (3).


Surge así en Alemania una poderosa corriente técnico-jurídica cuyo verdadero precursor fue Binding con su obra “Teoría de las normas”. Se incorpora también a este sendero desde el campo del eclecticismo sociológico, el maestro de la Universidad de Berlin Fran Von Liszt que define el delito como “acto humano, culpable, antijurídico sancionado con una pena”, y cautiva definitivamente el ánimo de los modernos penalistas Beling, quien en su obra “Teoría del Delito” define este último como “acción típica, antijurídica sometida a una adecuada sanción penal y que lleva las condiciones objetivas de penalidad”. Mezger considera en un primer momento el delito como “acción típicamente antijurídica y culpable.”


Como vemos la punibilidad se contempla en la doctrina por unos elementos o caracteres esenciales del delito en tanto para otros es su consecuencia normal.


Quintano estima a este respecto, que hay un confusionismo entre la Punibilidad real y efectiva, y lo que es una “amenaza de pena” que es la que desempeña el verdadero papel de elemento o carácter de la infracción. Esta es la posición que rectificando parece mantener finalmente Mezger al definir el delito como “acción típicamente antijurídica, culpable, y amenazada con una pena”.


Se reconocen por tanto en términos generales -salvo divergencias menores- como categorías esenciales del delito, la acción, la tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad y por algunos autores también la punibilidad.


Precisamente sobre esta base la doctrina ha ido elaborando la Teoría jurídica del delito de la que podemos extraer los principios básicos del Derecho Penal positivo y su articulación en un sistema unitario. Pero la elaboración de esta construcción sistemática no ha sido pacífica pues como señala el Prof. Morillas Cueva las diferentes compresiones de algunos de sus elementos han generado lo que posiblemente haya sido la mayor supervaloración del pensamiento sistemático: la polémica entre finalismo y causalísmo (4).


Sin embargo el punto de encuentro ente ambas escuelas es la estructura del delito que en la mayoría de los casos responde al modelo tripartito tradicional de tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, dejando anclados los sistemas bipartitos (separan únicamente elementos objetivos y subjetivos), posiblemente más rudimentarios. En consecuencia las divergencias entre ambas líneas dogmáticas habrá que buscarlas en el contenido y relación de los elementos ya citados del delito y a los que nos referiremos en lo sucesivo.


Conviene puntualizar que no obstante lo loable de la ardua tarea doctrinal, la Teoría jurídica del delito ha sido ensalzada por unos autores y atacada por otros que la tachan de artificial y alejada de la realidad, pero de lo que no cabe duda es que gracias a ella se llega a una mayor pureza en la definición del delito, orienta de modo insuperable la técnica legislativa y constituye una pieza clave desde el punto de vista didáctico para interpretar y explicar la ley penal.


Nos referimos pues a los principales movimientos doctrinales que se suceden en una secuencia lógico-histórica en la que cada posicionamiento “bebe” del anterior.

II.- EVOLUCIÓN Y ESTADO ACTUAL DE LA TEORÍA JURÍDICA DEL DELITO.-

La moderna teoría jurídica del delito es el resultado de un desarrollo dogmático y proceso evolutivo de ideas con amplia y compleja trayectoria en la ciencia punitiva (5). Los sucesivos cambios en la forma de entender el carácter y contenido de cada uno de los elementos del delito y su relación interna o entre sí han dado lugar a distintos planteamientos, en ocasiones enfrentados cuyo máximo exponente es la pugna (hoy prácticamente superada) entre causalismo y finalismo; y todo ello sin obviar el pensamiento estructural-funcionalista que ha irrumpido en la ciencia jurídico-penal Alemania y cuyos ecos se dejan oír también en nuestro país.

Nos referimos brevemente a estos distintos modelos sistemáticos que ha proporcionado la evolución contemporánea de la Teoría Jurídica del Delito.


A.- SISTEMA CAUSALISTA:


En el sistema causalista podemos distinguir dos fases: la primera se inicia a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX como consecuencia del enfoque científico-naturalista de la metodología jurídico penal. A continuación y desde comienzos del siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial se inicia una segunda versión “valorativa” de índole Neokantiana.


A.1.- Concepto causal-naturalista (concepción clásica del delito).-


Este sistema representa la plasmación concreta del llamado positivismo naturalista en la concepción del delito. Los artífices del concepto clásico de delito fueron Franz Von Liszt y Ernst Beling. El primero de estos autores concebía el delito como “acto culpable contrario al derecho y sancionado con una pena”.


De esta definición se extraen como elementos esenciales del delito la acción (acto humano) antijuridicidad (contrario a derecho), la culpabilidad (culpable) y además la punibilidad (sancionada con una pena).


Nace así la concepción causal del ilícito y la concepción psicológica de la culpabilidad asentadas sobre la base del positivismo naturalista, que trasladó a la ciencia penal los métodos propios de las ciencias empíricas.


En el “sistema Liszt-Beling” el elemento esencial es la acción. Es concebida de forma estrictamente causal del mundo externo perceptible por los sentidos (6). Lo que el autor “haya querido” (el contenido de la voluntad) o finalidad del autor es irrelevante a estos efectos y sólo interesa a la culpabilidad (7).


Afirma Van Liszt que “la antijuridicidad contiene un juicio de desvalor sobre el hecho y la culpabilidad un juicio de desvalor sobre el autor”. De ello se deduce con claridad que antijurídica era la lesión de un bien jurídico y culpable el autor que exterioriza una personalidad asocial.


Concibió la antijuridicidad como referida únicamente al componente objetivo de la acción. Señala Mir Puig que “ello era coherente con la mentalidad positivista que trató de imitar el modelo de las ciencias de la naturaleza porque la división del delito en parte objetiva (externa)- objeto de la antijuridicidad- y parte subjetiva (interna) – objeto de la culpabilidad- es la primeramente aprensible por los sentidos (positivismo naturalista)…” (8). La antijuridicidad material se agotaba en la causación de una lesión o puesta en peligro de un bien jurídico sin causas de justificación.


Pero es con Beling con quien esta línea analítica alcanza su punto álgido. Añade a la concepción dos nuevos elementos: la tipicidad y las condiciones objetivas de Punibilidad.

La tipicidad debía ser entendida como mera descripción objetiva de un determinado proceso causal que tenía su origen en una acción física que desembocaba en un determinado resultado. Para M. E. Mayer la tipicidad era la “ratio cognoscendi” de la antijuridicidad, mientras que Mezger la entendió anos más tarde como la “ratio essendi” de la antijuridicidad.


En cualquier caso en esta concepción clásica del delito el elemento tipicidad y antijuridicidad eran concebidos de forma exclusivamente objetiva.

El componente subjetivo del delito se reservó para la culpabilidad cuya esencia radicaba en construir un nexo de unión psicológica entre el hecho antijuridico y su autor, apreciándose dos especies distintas en función de su intensidad: dolo y culpa -concepción psicológica de la culpabilidad-.


A.2.- Modelo Neokantiano (concepto neoclásico del delito).-


El concepto neoclásico surge como consecuencia de una trasformación metodológica en el ámbito filosófico de los valores que condujo a una concepción ecléctica del Derecho Penal abanderada fundamentalmente por Edmund Mezger. Por ello se ha afirmado con Mir Puig que “no se quiso derrumbar el edificio del delito construido por el positivismo naturalista de Von Listzt y Beling sino sólo introducir correcciones en el mismo. Es por ello que el concepto neoclásico del delito aparece como una mezcla de dos componentes difícilmente conciliables: orígenes positivistas y revisión neokantiana, naturalismo y referencia a valores” (9).


Para E. Mezger la norma tendría dos momentos: sería una norma objetiva de valoración del hecho y a la vez una norma subjetiva de matización para el autor. La primera tiene relevancia en el momento de la antijuridicidad y la segunda en el momento de la culpabilidad.

La metodología neokantiana supone en definitiva la revisión de los elementos configuradores del delito.


La acción deja de ser el núcleo de la teoría jurídica a favor del binomio injusto tipicidad como eje central de la estructura del delito. La tipicidad deja de ser definida desde premisas objetivo descriptivas para pasar a coger elementos normativos así como elementos de claro matiz subjetivo (elementos subjetivos del injusto o del tipo) diferenciados del dolo. A partir de este momento ya no podrá afirmarse con rotundidad que “todo lo subjetivo” en la teoría del delito se ubica en la culpabilidad (10).


El nuevo concepto de tipicidad determina la reconsideración de las relaciones entre este elemento y la antijuridicidad. De tal forma los neokantianos acunan la expresión tipo de injusto ya que la antijuridicidad se configuraba como elemento verdaderamente material del delito de modo que la tipicidad desempeñara el papel de marco de descripción formal del juicio de injusto.


En cuanto a la culpabilidad, se aparca en cierto modo la concepción psicológica clásica y se introduce un concepto normativo de culpabilidad sobre la base de un “juicio de reprochabilidad” al sujeto por su hecho. No obstante lo anterior el dolo y la culpa siguen ubicados en la culpabilidad como las dos formas que esta puede revestir.

B.- SISTEMA FINALISTA:


El finalismo tuvo como protagonista a Hans Welzel, que lideró una cruzada contra el pensamiento de Von Listz y produjo una quiebra en la línea de desarrollo del pensamiento penal alemán explicable (para algunos) si se le sitúa en el contexto histórico de la II Guerra Mundial y el régimen fascista que lo precedió.


El cambio científico de Welzel no versó solo sobre la teoría jurídica de la pena, sino también y muy especialmente sobre la teoría jurídica del delito y los presupuestos metodológicos de la ciencia jurídico-penal. Welzel ideó un nuevo sistema para el Derecho Penal.


El concepto final de acción, obra de Welzel, surgió, dice Mir Puig, como resultado de un giro de la metodología jurídica. La aplicación del método fenomenológico y antropológico al Derecho Penal llevó a la sustitución del concepto causal por el concepto final de la acción. Lo que implica situar nuevamente a la “acción” en el centro del debate.


El concepto finalista de la acción, asentado en estructuras lógico-objetivas determinaba la aceptación de que las acciones relevantes penalmente deben venir informadas por una dirección humana encaminada a un fin.


Para Welzel el hombre cuando actúa, actúa siempre para algo. Por consiguiente, el hombre conduce la acción de modo que resuelto a actuar, se representa mentalmente la meta que pretende alcanzar, elige los medios para ello y dirige su actividad hacia la misma. En palabras de Roxin <<.el hombre controla el curso causal dirigiéndolo hacia un determinado objetivo, es decir, lo “supradetermina de modo final”>> (11).


Esta concepción obliga a una redefinición del contenido de algunos de los elementos del delito. Así pues, al formar la finalidad perseguida parte de la acción, el dolo o en su caso la culpa debía abandonar el ámbito de la culpabilidad (juicio sobre el sujeto) para pasar a integrarse en el juicio de injusto sobre el acto. La antijuridicidad queda impregnada de este modo de un tinte claramente subjetivo.


Con este desplazamiento de elementos, el finalismo traslada el contenido de los elementos del delito. Éste sigue concibiéndose como acción típica, antijurídica y culpable pero ni el tipo, ni la antijuridicidad, ni la culpabilidad son ya lo que eran en el sistema causalista.


Lo mismo sucede con la culpabilidad, cuya esencia radica en poder actuar de otro modo, que constituye una estructura lógico-objetiva anclada en la esencia del hombre como ser responsable caracterizado por la capacidad de autodeterminación final con arreglo a sentido.

Todo lo anterior evidencia que el neokantianismo supuso una revisión de la sistemática causalista clásica pero la verdadera superación sólo se produjo con la irrupción del finalismo en la ciencia penal.


C.- FUNCIONALISMO:


Tras este breve recorrido histórico, llegamos a la última fase de la evolución en la dogmática penal que puede enmarcarse en el periodo comprendido desde los anos sesenta hasta la actualidad.


En el pensamiento estructural-funcionalista podemos distinguir un funcionalismo moderado o racional, que en su elaboración atiende a criterios de política criminal y cuyo máximo exponente es Roxin y de un funcionalismo radical que en su elaboración atiende a fines de prevención general positiva y cuyo representante más destacado es Jakobs.
El funcionalismo teleológico o racionalista no puede decirse que sea obra de un autor determinado, pero sin duda uno de sus artífices más destacados fue C. Roxin.

En efecto, en los anos sesenta se produjo todo un movimiento de reforma en la ciencia penal alemana inspirada en un ideal resocializador que provocó el retorno a los postulados de F. Von Liszt.


Afirma Roxin que “el método jurídico tiene que partir de que las concretas categorías del delito -tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad- deben sistematizarse, desarrollarse y contemplarse desde un principio bajo el prisma de su función político criminal” (12).

Así la función político criminal del tipo consiste en la realización del principio “nullum crimen sine lege” y de él debe derivarse la estructuración dogmática.


Por su parte la antijuridicidad es el campo en el que chocan las exigencias sociales con las necesidades de los individuos de ahí que su función político criminal no sea otra que la solución de este conflicto. Y por último, en cuanto a la culpabilidad como condición imprescindible para toda pena se le debe añadir siempre la necesidad preventiva pues ambas se limitan recíprocamente y sólo de forma conjunta dan lugar a la responsabilidad personal del sujeto desencadenando la imposición de la pena.

El funcionalismo más radical empieza a gestarse en los anos sesenta y una década más tarde ocupa un lugar destacado en la dogmática penal alemana. Esta corriente inspirada en la moderna sociología penal alemana se debe fundamentalmente a Jakobs.


Afirman algunos autores que uno de los méritos de Jakobs consiste en adaptar el Derecho Penal contemporáneo a la teoría de los sistemas de N. Luhman, conmoviendo las propias bases del Derecho Penal, es decir, la teoría de la pena y del delito a través de su teoría general de la imputación normativa (13).


Lo que los normativistas llaman teoría general de la imputación tiene por misión determinar a qué persona y bajo qué presupuestos puede castigarse para lograr la estabilización de la norma: ha de castigarse al sujeto que se ha comportado de forma contraria a la norma y culpablemente. Por tanto, los conceptos básicos de la teoría de la imputación jurídico-penal son el comportamiento del sujeto, la infracción de la norma y la culpabilidad.


La sistemática del delito sigue siendo la propuesta por Welzel aunque todos los elementos del mismo se someten a una profunda redefinición. Así afirma Jakobs que “el conocimiento de la ejecución de la acción y de sus consecuencias (en el dolo) o la cognoscibilidad individual (en la imprudencia), como condiciones de la estabilidad, pertenecen a la acción y por tanto al injusto” (14).


Se mantiene el concepto final de acción pero se desplaza el punto de vista desde la finalidad en la acción con el resultado a las condiciones de evitabilidad del resultado. Cuando se habla de resultado no se refiere al material sino al quebrantamiento de la norma.

Se produce igualmente una redefinición del concepto de dolo, que se establece exclusivamente sobre una base cognoscitiva y no volitiva. Jakobs define el dolo como “conocimiento de la acción junto con sus consecuencias”. La voluntad no forma parte del dolo sino que es un elemento de la acción y por tanto común a los delitos dolosos e imprudentes.

También se plantean novedades importantes en el ámbito de la culpabilidad pues si bien se mantiene esta categoría como presupuesto necesario de la Punibilidad, sustituye su contenido convencional por la prevención general positiva. En un sistema teleológico del delito también la culpabilidad se determina por la idea del fin penal: << solo el fin da contenido al concepto de culpabilidad>>.


Lo anterior evidencia que Jakobs lanza un nuevo debate que puede condicionar el desarrollo del Derecho Penal pero en modo alguno determinará el futuro del mismo; los postulados excesivamente radicales de este autor no se aceptan mayoritariamente en Alemania y mucho menos en España.


Para concluir conviene poner de relieve que la evolución y progreso científico del Derecho Penal es evidente por la riqueza de planteamientos y avances realizados de forma que la orientación dogmática dominante en cada momento histórico ha dejado una importante huella en la ciencia penal a desarrollar o criticar por la que la sucederá. Por ello la evolución no debe detenerse (15).

III. REFLEXIÓN FINAL.-


En primer lugar y con carácter general cabe señalar que una toma de posición sobre el tema que nos ocupa no necesariamente pasa por la adscripción al modelo causalista o al finalista, sino más bien por la conjunción entre ambos. En efecto, una mirada crítica al pensamiento que domina estas tesis, en principio contrapuestas, permitirá el enriquecimiento del debate que siente los cimientos del futuro Derecho Penal.

Considero que en el campo de la Ciencia Penal no hay verdades absolutas para todo tiempo y lugar. La orientación de cada escuela, de cada tratadista, para tener visos de exactitud dependerá, en mi opinión, de los vaivenes que experimente la legislación positiva que sirve de base a cualquier construcción sistemática, pues lo contrario conduciría a una teoría jurídica del delito abstraída de la realidad jurídica vigente y por tanto inútil.

El delito es una entidad unitaria en las que se distinguen distintas categorías -tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad- que no constituyen “compartimentos estanco” sino que en su análisis y explicación deben estar estrictamente relacionados entre sí e interpretarse de conformidad con el todo que constituye el delito. La clásica distinción entre el elemento objetivo y subjetivo pierde interés puesto que actualmente, en atención a nuestro derecho positivo (como veremos posteriormente), los distintos elementos constitutivos del delito presentan, como señala Quintero Olivares, componentes objetivos y subjetivos, con lo que sería más adecuado distinguir ambos elementos utilizando la expresión “predominantemente objetivo” o “predominantemente subjetivo”.

Pues bien, en este momento la cuestión parece resuelta, lege data, en la expresión “acciones u omisiones dolosas o imprudentes”. El tenor literal del precepto implica en cierto modo una toma de posición del legislador, que como señala el prof. Morillas, no necesariamente nos conduce al finalismo. Así, el dolo aparece configurado como un elemento constitutivo del tipo, pero ello no implica que la culpabilidad experimente un vacío de contenido como propugna el finalismo.


El dolo, como apunta con mucho acierto el prof. Morillas, no juega más papel en el tipo que el de mero indicio (indicio de que un delito es doloso o imprudente, según los casos). No es por tanto un elemento que impregne de carácter subjetivo al tipo. El dolo sigue siendo la forma más grave de culpabilidad y será en este nivel donde se analice en mayor profundidad.


Para finalizar este breve estudio, he de poner de relieve mi respeto hacia algunas de las ideas lanzadas por el prof. Roxin. En este sentido, considero que toda construcción teórica del delito debe atender a criterios de política criminal pues no podemos olvidar que son, precisamente, “razones de política criminal” las que llevan a criminalizar hechos hasta entonces impunes, con el fin de dar respuesta a las exigencias socioculturales imperantes en cada momento y a descriminalizar conductas hasta entonces previstas como ilícitas.


Con todo ello, concluimos afirmando que la evolución de la Teoría Jurídica del Delito continúa, pero a nuestro juicio sólo alcanzará una verdadera proyección futura si se elabora de la mano de la realidad jurídico positiva vigente y sin desconocer la práctica del foro.


III. NOTAS.

(1) ROXIN, C. DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. FUNDAMENTOS. La estructura de la teoría del delito. 2a Ed. Madrid. 2003. Págs. 192 y ss.

(2) ROXIN, C. Op. Cit. Pág 193. La dogmática de la parte general no obedece a los mismos principios que la de la parte especial: pues la parte especial está al servicio de los bienes jurídicos y contiene normas de conducta, mientras que la de la parte general “se compone especialmente de reglas de validez y de imputación”.

(3) COBO DEL ROSAL, M; VIVES ANTÓN, T. En DERECHO PENAL. PARTE GENERAL 5a Ed. Valência. 1999. Pág. 252.

(4) MORILLAS CUEVA, L. En METODOLOGÍA Y CIENCIA PENAL. Granada. 1993. Pág. 283. Este planteamiento causal naturalistico conducía a una concepción muy insatisfactoria de la omisión que no es un movimiento corporal que causa una modificación en el mundo exterior. La omisión se explicaba, entonces, como omisión voluntaria de un movimiento del cuerpo, como “causa no independiente de un cambio en el mundo externo”, pero es evidente que la ausencia de movimiento y el no impedir un cambio son conceptos meramente negativos que no permiten construir ningún concepto positivo de omisión.

(5) MORILLAS CUEVA, L. Op. Cit. Pág. 285.

(6) QUINTERO OLIVARES, G. MANUAL DE DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. 2a Ed. Pág. 248. Esta concepción de la acción en la teoría del delito condicionaba, como consecuencia lógica, la forma de entender las distintas instituciones integrantes del concepto de delito, marcando de partida una tajante distinción entre lo objetivo y lo subjetivo y convirtiendo los elementos integrantes del delito en meros predicados del concepto de acción previamente acunado.

(7) MIR PUIG, S. DERECHO PENAL PARTE GENERAL. 6a Ed. Barcelona. 2002. Pág. 154.

(8) MIR PUIG, S. Introducción a las bases.. Págs. 241 y 242.

(9) QUINTERO OLIVARES, G. Op. Cit. Págs. 249 y 250.

(10) QUINTERO OLIVARES, G. Op. Cit. Pág. 251.

(11) ROXIN, C. Op. Cit. Págs. 199 y ss.

(12) ROXIN, C. En POLÍTICA CRIMINAL Y SISTEMA DE DERECHO PENAL. Barcelona. 1972. Págs. 40 yss.

(13) JAKOBS, G. En DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. FUNDAMENTOS Y TEORÍA DE LA IMPUTACIÓN. Madrid. 1995. Págs. 9 y ss.

(14) JAKOBS, G. Op. Cit. Págs. 14 y ss.

(15) MIR PUIG, S. Op. Cit. Pág. 140.

V. BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:

* COBO DEL ROSAL, M; VIVES ANTÓN, T. DERECHO PENAL. PARTE GENERAL 5a Ed. Valência. 1999.

* JAKOBS, G. DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. FUNDAMENTOS Y TEORÍA DE LA IMPUTACIÓN. Madrid. 1995.

* MIR PUIG, S. DERECHO PENAL PARTE GENERAL. 6a Ed. Barcelona. 2002.

* MORILLAS CUEVA, L. En METODOLOGÍA Y CIENCIA PENAL. Granada. 1993.

* QUINTERO OLIVARES, G. MANUAL DE DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. 2a Ed.

*ROXIN, C.:
– DERECHO PENAL. PARTE GENERAL. FUNDAMENTOS. La estructura de la teoría del delito. 2a Ed. Madrid. 2003.
– POLÍTICA CRIMINAL Y SISTEMA DE DERECHO PENAL. Barcelona. 1972.

Anuncios

7 comentarios en “Teoría Jurídica Del Delito

  1. Muchas gracias por tan buen material de estudio…
    Me ha ayudado mucho en un curso que estoy cursando sobre teoria del delito…

    Es un buen aporte el que estan haciendo todos ustedess…

    Gracias,,,
    Republica Dominicana…..

  2. MUCHAS GRACIAS POR BRINDAR TAN VITAL E IMPRESCINDIBLE INFORMACON A TODA ESTUDIANTE DE DERECHO, ABOGADO Y PERSONA INTERESADA EN EL CAMPO DEL DERECHO

  3. excelente comentario sobre cada una de las teorias y sobre todo como cada teoria ve los elementos del delito,muy precisos y puntuales, los aportes que me han brindado han sido excelentes, los felicito por que me han entusiamado a enriquecerme y poner en practica los analisis que se han dado.-

  4. Muy bueno el alcance de este comentario , estos aportes ayudaran de mucho para la carrera.

    gracias

  5. esta buenisima la informacion ya que me ayudo mucho en mi trabajos de carrera

  6. “En la Legislación Penal en el Perú existe el delito de
    Asociación Ilícita para Delinquir”

    En un estado democrático, ejerciendo mi libertad de opinión y amparado en el Inc. 20 del art. 139 de la Constitución y en mi condición de estudiante de derecho, me encuentro en una confusión, respecto al acuerdo plenario Nº 4-2006-CJ-1166 de la Corte Suprema de Justicia de la República-Plenario jurisdiccional de las Salas Penales Permanentes y Transitorias .
    Mi confusión radica básicamente en la siguiente:
    1. Mientras que los órganos, jurisdicciones, llámese jueces penales, salas penales de Cortes Superiores y Salas Penales de la Corte Suprema denominan al delito previsto y penado por el Art. 317 del C. Penal como – Asociación llicta para delinquir- con este Nomen Iuris se han abierto en el poder judicial numerosas procesos penales, se han procesado a muchos personas, juzgado y condenado a muchos con pena privativa de libertad.

    2. Para mayor ilustración transcribo a continuación el art. 317 del código penal, texto original vigente desde el 8 de abril de 1991 hasta 5 de octubre del año 2004:

    Asociación ilícita
    “Art. 317.- El que forma parte de una agrupación de dos o mas personas destinadas a cometer delitos será reprimido, por el solo hecho, de ser miembro de la agrupación, con pena privativa de libertad no menor de tres ni mayor de seis años.”
    “…”

    Salta a primera vista que el verbo rector es agrupar, siendo así el tipo penal es agrupación para delinquir y no “asociación ilícita para delinquir” tal como aparece en el acuerdo Plenario. ¿La tipicidad estaría equivocada?
    La doctrina penal enseña que para la existencia de cualquier delito deben concurrir necesariamente los elementos esenciales siguientes: acción, tipicidad, antijurídica, culpabilidad y punibilidad. Basta la inconcurrencia de uno de ellos, hace inexistente el delito. ¿Entonces que sucede cuando se ha tipificado mal el delito?

    Las interrogantes no se hacen esperar:

    1. ¿Hay error de tipificación en el acuerdo plenario mencionando al inicio?
    2. ¿El art. 317 del Código penal transcrito contiene la figura delictiva de asociación ilícita para delinquir o agrupación para delinquir?
    3. ¿Los vocablos asociación, agrupación y organización se pueden utilizar indistintamente como sinónimos o son conceptos diferentes?
    4. ¿En el Perú esta permitido denunciar, investigar, juzgar y condenar por un “delito” que no esta previsto en la legislación Penal?

    El proceso Penal es eminentemente legalista, el código penal Art. II T.P. tiene como principio fundamente la legalidad y establece:

    “Nadie será sancionado por un acto no previsto como delito”

    Nuestra Ley de Leyes (Constitución) en su Art. 2 inc. 24 apartado d) establece:

    “Nadie será procesado ni condenado por acto u omisión que al tiempo de cometerse no este previamente calificado en la ley de manera expresa e inequívoca como infracción punible; ni sancionado con pena no prevista en la ley”.

    Si la Constitución establece que el delito tiene que estar calificado en la Ley de manera expresa e inequívoca como infracción punible ¿Por qué tantos errores?
    3. Ahora veamos la Exposición de Motivos precisamente del art. 317 del código Penal; en sus partes mas importantes El legislador Mulder Bedoya dice lo siguiente: Acerca del Art. 317 referido a la Asociación Ilícita para Delinquir: “Siempre ha habido un debate sobre la denominación del delito. Todo el mundo ha llamado a este delito asociación ilícita para delinquir, cuando en realidad en el texto nunca se ha dicho que fuera Asociación sino agrupación. La diferencia entre uno y otro concepto llevo a que la confusión reinase al momento de la aplicación del artículo correspondiente”.

    El Señor Chamorro (Presidente de la comisión informante) expresa lo siguiente :

    “Solo para establecer la siguiente precisión: Cuando el art. 317 se refiere a asociación ilícita lo hace en su sumilla, mas no en el texto del articulo. Es decir ese concepto no es parte del tipo penal. Lo que si es parte del tipo penal es el concepto de agrupación”

    Finalmente en su intervención la legisladora Hildebrandt Pérez Trevieño, dice lo siguiente:

    “ A propósito de la aclaración o disquisición que esta haciendo el congresista Mulder sobre agrupación o asociación, tengo desde hace tiempo una pregunta que es mas bien de tipo lingüístico: ¿ Porque agrupación o asociación para delinquir como si hubiera agrupación o asociaciones licitas para delinquir. En ese caso la palabra ilícita esta de mas: Una asociación para delinquir es, por definición ilícita ¿Porque la redundancia?”

    Según la exposición de Motivos el tipo penal que contiene el art. 317 del código penal seria agrupación para delinquir; pero el Acuerdo Plenario objeto del comentario consigna como tipo penal Asociación ilícita para delinquir.
    Los especialistas en la materia tienen la palabra para dilucidar esta lamentable confusión en que me encuentro al igual que muchos estudiantes y publico en general.

  7. Bueno, después de varios años de dejar las aulas, he recordado estas corrientes en la teoria del Delito; pero nuestros magistrados en estos ultimos años vienen aplicando la teoria finalista, dandole mayor peso a la conducta subjetiva del autor del ilicito penal, llevado por la presión mediatica, como es el caso la sentencia al Ex Presidente del Perú Alberto Fujimori.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s