ALIENACION PARENTAL

EL ESPECTRO DEL SINDROME DE ALIENACION PARENTAL

 

El Síndrome de Alienación Parental, llamado así por el Dr. Richard Gardner, es una respuesta de contexto familiar típica al divorcio, en la cual el niño resulta alienado respecto de uno de sus progenitores, y acosado con la denigración exagerada y/o injustificada del otro progenitor. En los casos más severos, la relación antaño cariñosa del niño con el progenitor objeto resulta destruida. El testimonio acerca del Síndrome de alienación parental (PAS) en los procedimientos legales ha levantado un intenso debate.
El Dr. Richard Gardner fue un experto psiquiatra infantil y forense, que realizaba peritajes para la justicia cuando en 1985 formuló el concepto de Síndrome de Alienación Parental (PAS) en un artículo titulado “Tendencias Recientes en el Divorcio y la Litigación por la Custodia” (1). Su trabajo con niños y familias durante los años setenta le indujo a escribir libros como “El libro del Divorcio para Chicos y Chicas”. “El libro del Divorcio para los Padres” y “Psicoterapia con los Hijos del Divorcio”. El conocía por experiencia que la norma para los hijos del divorcio era continuar queriendo mucho a ambos padres, a pesar del divorcio y del paso de los años, un hallazgo corroborado por uno de los primeros estudios a gran escala sobre el divorcio (2). Con estos antecedentes, Gardner comenzó a preocuparse a principios de los ochenta sobre el creciente número de hijos del divorcio que estaba examinando, quienes, especialmente en el curso de las evaluaciones para la custodia, se embarcaban en la denigración de uno de sus progenitores, hasta el punto de expresar, en ocasiones, odio hacia el padre al que una vez amaron. Él utilizó el término Síndrome de Alienación Parental para hacer referencia a los síntomas del niño, a raíz del divorcio, consistentes en la denigración y el rechazo de un padre antes amado.

El enfoque de Gardner sobre el PAS como perturbación propia de los hijos de un divorcio es único, aunque desde la mitad de los años ochenta en adelante ha habido una proliferación de literatura profesional sobre las tendencias perturbadoras en las disputas del divorcio/custodia, incluyendo las falsas acusaciones de abuso para influir en la resolución sobre dichos divorcio/custodia. Al menos tres nuevos síndromes asociados al divorcio fueron identificados con posterioridad. En 1986, dos psicólogos en Michigan aún desconocedores del trabajo de Gardner, publicaron el primero de varios documentos sobre el síndrome SAID, el acrónimo que Blush y Ross emplearon para “Acusaciones de abusos sexuales en el divorcio” (3). Basándose en sus experiencias de peritaje para los tribunales de familia, y en las experiencias clínicas de sus colegas, estos autores delinearon tipologías para el padre que acusaba en falso, el niño involucrado y el padre acusado. Dos de los síndromes del divorcio nombrados en la literatura tienen su enfoque esencial en la rabia y la patología del padre alienador o acusador en falso. Jacobs, en Nueva Your, y Wallerstein en California, publicaron informes sobre casos de lo que llamaron el Síndrome Medea (4, 5). Jacobs discutió el grabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio de 1988 sobre una madre con el síndrome Medea, como también hizo Turkat cuando describió el Síndrome de la Madre Maliciosa Asociado al Divorcio en 1994 (6). Este trastorno también puede hallarse vinculado a los padres varones, como muestra uno de los casos narrados más adelante, pero por alguna razón Turkat no logró hallar ninguno.
Adicionalmente a los artículos específicos sobre el PAS y a la literatura que hace referencia al síndrome, hay un cuerpo de investigación sobre el divorcio, así como escritos clínicos que, sin darle nombre, describen el fenómeno. La literatura revisada aquí proviene de numerosas fuentes, incluyendo ejercientes que, como Gardner, buscan mejorar los medios de diagnóstico y las estrategias de intervención de los tribunales y de otros profesionales que tratan con divorcios altamente conflictivos; abogados y jueces que están en contacto con casos de PAS; investigadores que, como Clawar y Rivlin, referencian el trabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio a gran escala sobre la “programación parental en el divorcio” (7), o como Johnston, cuyo trabajo sobre divorcios altamente conflictivos (8) la condujo a analizar el problema de los niños que rechazan la visita de su progenitor no custodio, incluyendo una reflexión sobre el PAS (9). Cuando el PAS se contempla desde el punto de vista de las partes y de los subprocesos que lo generan, la literatura al respecto aumenta exponencialmente, por ejemplo: características psicológicas de los progenitores que falsamente acusan en el curso de las disputas sobre el divorcio/la custodia; cultos que ayudan a los padres que se divorcian a alienar al niño del otro progenitor; y abusos psicológicos a los niños en casos de PAS severo, incluyendo el Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto. Las tendencias identificadas por Gardner y otros, son el resultado de importantes cambios sociales que comenzaron a arraigar y florecer alrededor de mitad de los setenta. El tratamiento legal del divorcio y la custodia de los niños varió desde la preferencia por dar a las madres la custodia en exclusiva y la “presunción de los tiernos años” a la inclinación por la custodia conjunta y el principio del “mejor interés para el niño”. Esto dio a los padres divorciados más opciones legales para seguir siendo padres de sus hijos, e incrementó la cantidad e intensidad de las disputas sobre el divorcio, en cuanto los progenitores disentían vehementemente sobre la variedad de posibles acuerdos sobre la custodia por los que ahora podían optar. Al final de los años setenta, surgió la preocupación respecto a la programación del niño por parte de un progenitor, con el fin de influenciar en la decisión respecto a las disputas del divorcio y la custodia; lo que condujo a la Asociación legal Americana en su sección de Derecho de Familia a comisionar un estudio a gran escala sobre el problema. El resultado de este estudio de 12 años de duración fue publicado en 1991 en un libro llamado “Niños Rehenes” (7). Clawar y Rivlin descubrieron que la programación parental era practicada en diverso grado por el 80% de los progenitores que se divorciaban, de los cuales el 20% lo aplicaban a sus hijos al menos una vez al día. Continuaremos hablando sobre este libro más adelante. Al mismo tiempo, a medida que han ido surgiendo las nuevas tendencias en los divorcios, algunos cambios sociales se han ido dando en el tratamiento social del abuso a los niños. Un informe preceptivo se convirtió en prescripción legal en los años setenta, y los procedimientos para la elaboración de los informes se simplificaron de tal manera que los informes anónimos fueron aceptados y usados como base de actuación judicial en algunos estados. A medida que el número de informes sobre abusos se duplicó prácticamente, también lo hizo el número de informes falsos o sin fundamento, de acuerdo con las estadísticas compiladas por el Centro Nacional para los casos de Abuso y Negligencia a la infancia en 1988, que mostraba que los informes no-válidos excedían en número los casos de abuso reportado bona fide en una proporción de dos a uno (10). Según algunos observadores, las falsas acusaciones de abuso en casos de divorcio/custodia contenciosa se han convertido en el arma definitiva. El Juez Steward escribió que “los juzgados de familia de toda la nación sienten los efectos de una nueva falacia urdida por las partes que concurren en una disputa por la custodia: la de que el otro progenitor abusa sexualmente del niño… El impacto de semejante acusación en un litigio por la custodia es sutil y trascendental… el juez de familia está capacitado para hacer cesar el acceso al niño mientras se completa una investigación” (11, p. 329). En respuesta a cuestiones como esta, la Unidad de Investigación de la Asociación por la Familia y los Tribunales de Conciliación obtuvo fondos para estudiar las acusaciones de abuso sexual en los casos de disputa en divorcios/custodias (12). Se agregaron los datos de 1985 y 1986 recogidos de diversos juzgados de familia de todo el país. En aquel tiempo, la incidencia de las acusaciones sobre abuso sexual en los casos de divorcio se cifró en un dos por ciento, pero variaba del uno al ocho por ciento dependiendo del lugar. Los resultados de este estudio sugerían que las acusaciones en el contexto de un divorcio podían ser válidas sólo en un 50% de las veces. Muchos de los consejeros y administradores de los juzgados que fueron entrevistados, creían que se estaban produciendo una mayor proporción de estos casos que en las décadas precedentes. Diez años más tarde, en 1996, el Congreso aprobó el Acta de Prevención y Tratamiento del Abuso infantil, para eliminar la inmunidad de la que gozaban quienes hacían premeditadamente acusaciones falsas, basándose en la información de que 2 millones de niños habían sido objeto ese mismo año de informes falsos, en oposición al millón de niños que habían sufrido auténticos abusos (13). Adicionalmente, muchos estados habían ya habilitado leyes contra los informes deliberadamente falsos sobre abusos a los niños. En California, donde ejercen la autora y su marido, la Oficina para la Prevención del Abuso Infantil revisó su manual para informadores de oficio hace varios años, para incluir una sección sobre acusaciones falsas, en la cual, el adoctrinamiento de los niños durante las disputas sobre la custodia se describe como un problema grave, y en el cual se hace referencia al trabajo de Gardner sobre el PAS (14). Entretanto, los años ochenta fueron testigos de una campaña masiva para entrenar a los asistentes sociales, policías, jueces y profesionales de la salud mental en conceptos tales como “los niños no mienten cuando hablan de los abusos”. Para remediar la ceguera social hacia los abusos a los niños en el pasado, los profesionales fueron incitados a “creer incuestinablemente al niño” y a aceptar reflexivamente que todas las alegaciones de abuso contra el niño eran ciertas. Una amplia difusión en los medios y una proliferación de libros y películas populares sobre abusos a niños continuaba sugiriendo que el problema era generalizado e insidioso. Los padres y los profesionales afines fueron convocados para vigilar lo que se consideraban como “indicadores de comportamiento” del abuso sexual. Estos incluían el síntoma tan común como vago de la baja autoestima, “indicadores” de conflicto tales como el comportamiento agresivo y autoaislamiento social, así como comportamientos infantiles que pueden ser normales en el contexto del desarrollo, tales como la curiosidad sexual y las pesadillas. Se hizo caso omiso del hecho de que tales síntomas pueden ser desarrollados por el niño en respuesta a otras circunstancias estresantes, incluyendo el divorcio y la ausencia paterna. También los niños están siendo sensibilizados hacia el abuso, instruídos acerca de lo que son “tocamientos buenos/tocamientos malos”. Al final de esta lección escolar, se les puede pedir que reporten sobre cualquier persona que ellos puedan considerar que les ha hecho tocamientos malos. Aunque en algunas ocasiones esto ha servido para detectar algunas formas de abuso, los niños a veces no entienden bien la lección, como el caso de un cariñoso abuelo que levanta en brazos a su nieto como ha hecho muchas veces anteriormente, para encontrar que el niño le rechaza horrorizado, acusándole de “malos tocamientos”. Los adultos que dirigen estas clases están a menudo tan excesivamente interesados en encontrar abusos que en un estado del sur detuvieron a los padres de la mitad de la clase.

SINDROME DE ALIENACION PARENTAL.

Según Gardner, el PAS es una perturbación en el niño que, en el contexto del divorcio, es inducido a desaprobación y crítica de un progenitor, denigración que es injustificada o/y exagerada. Gardner considera que el PAS nace primariamente de una combinación de influencia parental y de las contribuciones activas del propio niño a la campaña de denigración, factores que pueden reforzarse mutualmente. Gardner distingue entre Síndrome de Alienación Parental, y el término “Alienación Parental”. Hay un gran elenco de causas de alienación parental, incluyendo el abuso parental de buena fe y/o negligente, así como déficits significativos en un padre rechazado que pueden no alcanzar el grado de abuso. Desde la perspectiva de Gardner, el diagnóstico de PAS sólo resulta aplicable cuando el abuso, la negligencia y otras conductas llevadas a cabo por el padre alienado que puedieran justificar razonablemente la alienación sean relativamente mínimas. Por tanto, Gardner concibe el PAS como una subcategoría especializada de la alienación parental genérica. Desde que introdujo el concepto de PAS en 1985, Gardner ha escrito dos libros sobre la materia (15 y 16), e incluido un capítulo sobre el PAS en su libro titulado “Evaluación Familiar en la Mediación, Arbitraje y Litigios por la Custodia del Niño (17).

Dependiendo de la severidad del PAS, un niño puede exhibir todos o unos cuantos de los siguientes comportamientos. Es la acumulación de estos síntomas lo que inclina a Gardner a considerarlos un síndrome:

  1. El niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye activamente.
  2. Las razones alegadas para justificar el desacreditar al padre objeto son a menudo débiles, frívolas o absurdas.
  3. La animadversión hacia el padre rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas.
  4. El niño afirma que la decisión de rechazar al padre objeto es exclusivamente propia, lo que Gardner llama el fenómeno del “pensador independiente”.
  5. El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado.
  6. El niño expresa desprecio sin culpa por los sentimientos del padre objeto u odiado.
  7. Se evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones del niño reflejan temas y terminologías propias del progenitor alienador.
  8. La animosidad se extiende a la familia ampliamente y a quienes se asocia con el padre odiado.

En la experiencia de Gardner, obtenida tanto por la práctica clínica como por la investigación publicada (revisada más adelante), las madres son más frecuentemente adictas al PAS, sobre todo del que Clawar y Rivlin equiparan al secuestro psicológico (7) Cuando quiera que el PAS coincide con la abducción física, son los padres los más frecuentes adictos, como señala Huntington (18). Gardner reconoce que también los padres pueden suscitar PAS y muestra ejemplos en sus libros. Por consistencia y simplicidad, él se refiere con “madre” al progenitor que aliena, y “padre” al progenitor objeto del PAS.

Según Gardner, el componente de lavado de cerebro en el PAS puede ser más o menos consciente de parte del progenitor que “programa” al hijo, y puede ser sistemático o sutil. La contribuciones activas del niño a la campaña de denigración pueden ayudar a crear y mantener un flujo de refuerzo mútuo entre el niño programado y el progenitor que le programa. Pese a las contribuciones del hijo, Gardner contempla al padre alientante como el adulto responsable que crea o trasmite un conjunto negativo de creencias respecto al progenitor objeto. Las experiencias cariñosas del niño con el padre objeto en el pasado son reemplazadas por una nueva realidad, el escenario negativo trasmitido por el progenitor programador y compartido por el niño, que justifica su rechazo del padre alienado. A la luz de estas observaciones, Gardner previno de que las afirmaciones de los niños en los casos de divorcio/custodia que versaran sobre el rechazo a uno de los progenitores no deberían tomarse en consideración literalmente, sino evaluados por el filtro de las dinámicas del PAS. De acuerdo con la psicóloga Mary Lund, esta introspección es una de las contribuciones más imporatntes de Gardner, porque alertó al sistema legal, a los padres y a los profesionales de la salud mental que tratan con divorcios de una importante eventualidad que podría tener efectos desastrosos si se deja pasar desapercibida. (19)

Gardner subraya la importancia de distinguir entre PAS leve, moderado y agudo en la determinación de qué medidas legales y terapéuticas son de aplicación. En los casos leves, existe alguna programación parental, pero el régimen de visitas no resulta seriamente afectado y el niño consigue adaptarse a las transiciones sin excesiva dificultad. El niño mantiene una relación sana con el progenitor programador y normalmente participa en la campaña de denigración para mantener el vínculo emocional primario con el progenitor preferido, por regla general la madre. El PAS de estas caracterísiticas puede normalmente verse atenuado cuando los tribunales confirman la custodia del progenitor preferido o primario.

En los casos de PAS moderado existe una programación parental considerable, con interferencias significativas en el régimen de visitas. El niño a menudo experimenta dificultades en la transición de una casa a otra, pero eventualmente consigue calmarse y se involucra benevolentemente con el progenitor con el que convive en cada momento. El vínculo entre el progenitor alienador y el hijo es aún razonablemente sano, a pesar de su convicción compartida de que el progenitor objeto es de alguna manera despreciable. A este nivel se requiere una intervención legal más fuerte, y un perito terapeuta especializado en PAS resulta muy recomendable para organizar las visitas, oficiar profesionalmente en el momento de las transiciones de una casa a otra e informar al juzgado de los incumplimientos que se han forzado en el régimen normal de visitas. Puede ser necesaria la amenaza de sanciones contra el padre alienador a fin de asegurar el cumplimiento del régimen de visitas ordenado. Si fracasa la implantación de medidas legales y de intervenciones terapéuticas en el caso de PAS moderado, el niño puede quedar bajo riesgo de desarrollar un PAS agudo. En algunos casos moderados, cuando han fracasado las medidas terapéuticas legalmente ordenadas y también las sanciones, Gardner afirma que puede ser necesario considerar seriamente el transferir al custodia al progenitor supuestamente odiado, asumiendo que el progenitor es adecuado. En ciertas ocasiones, esa es la única esperanza de proteger al niño de la progresión hacia el grado agudo del síndrome.

El niño que sufre un caso de PAS agudo es un fanático en su odio por el padre objeto. El niño puede rehusar las visitas, formular de motu propio falsas acusaciones de abuso sexual o amenazar con huir, con el suicidio o con el homicidio si se le obliga a ver a su padre. La madre y el hijo tienen un vínculo patológico, a menudo basado en fantasías paranoides sobre el padre, a veces hasta el punto de ser una locura a dos. En los casos agudos de PAS, Gardner descubrió que si se deja al niño permanecer con la madre, la relación con el padre está condenada y el niño desarrollará una psicopatología de larga duración, e incluso una paranoia. Asumiendo la idoneidad del padre objeto, Gardner está convencido de que el único remedio efectivo en los casos de PAS agudo es dar la custodia al progenitor alienado. En 1992 sugirió que los tribunales debieran ser más receptivos al cambio de custodia empleando un periodo transitorio con apoyo terapéutico para el niño, tal como una hospitalización, recurso este empleado profesionalmente por la autora de este artículo y su marido (ver caso en la segunda parte del mismo).

 

La concepción inicial de Gardner sobre el PAS se basaba en la obsesión del niño por denigrar al padre objeto. No fué sino dos años más tarde, cuando publicó su primer libro sobre el PAS, que vinculó el problema del síndrome con el de las acusaciones falsas de abuso sexual. Gardner opta por la idea de que tales acusaciones son una derivación del PAS, y observa que a menudo emergen cuando cualesquiera otros esfuerzos de excluir al progenitor objeto han fracasado. Parte de la literatura mencionada más adelante indica, no obstante, que las falsas acusaciones de abuso pueden aflorar incluso con anterioridad a la separación matrimonial, síntomas de una patología psiquiátrica previa del padre alienante que puede no diagnosticarse sino con el subsiguiente deterioro mental posterior al divorcio. Gardner fue de los primeros en reconocer que involucrar a un niño en falsas acusaciones de abuso, es una forma de abuso en sí mismo y un indicador de problemas graves en el sistema legal del divorcio. En la misma medida en que el PAS con acusaciones falsas de abuso puede redundar en la destrucción permantente de la relación del hijo con el padre alienado, puede ser incluso más dañino para el niño que si el abuso alegado hubiera realmente acontecido.

 

EL PAS EN DIVORCIOS ALTAMENTE CONFLICTIVOS

El divorcio altamente conflictivo se caracteriza por una situación prolongada de conflicto tras la separación, con hostilidad entre los progenitores que pueda haberse expresado abierta o encubiertamente a través del litigio en curso, con agresiones verbales y físicas, y tácticas de sabotaje y de engaño o fraude. La literatura clínica y de investigación sugiere que el Síndrome de Alienación Parental es un tipo distintivo de divorcio altamente conflictivo que puede requerir intervenciones específicas frente al PAS, del mismo modo que los problemas de las familias divorciadas tienen más solución mediante intervenciones específicas relativas al propio divorcio que mediante la aplicación de terapia tradicional. En su libro sobre niños atrapados en medio de un divorcio altamente conflictivo, Garrity y Baris tratan al PAS como una dinámica familiar que se suscita en casos de divorcio, dedicando dos capítulos al PAS, uno para comprender el fenómeno y otro para establecer un modelo comprensivo de intervención (21).

En los divorcios altamente conflictivos que no muestran síntomas significativos de PAS, los padres desarrollan la mayor parte de la confrontación mientras los niños se las arreglan para ir y venir de una casa a otra, mantener sus propios puntos de vista y retener su afecto por ambos padres. Se las arreglan desarrollando habilidades activas para maniobrar en el contexto de la situación o adoptando una estrategia de supervivencia según la cual se trata a ambos progenitores con igual justicia y distancia (8). Periódicamente, los niños pueden exacerbar los conflictos entre los padres cuando disfrazan las ansiedades derivadas de la separación propias de la edad, diciendo a cada progenitor lo que cada progenitor quiere escuchar y trasladando su supeditación de uno a otro progenitor. Sin embargo, evitan una alineación consistente con un padre en contra del otro, y pueden disfrutar el tiempo que pasan con cada progenitor una vez que ha terminado el difícil proceso de transición de una casa a otra.

En los divorcios altamente conflictivos con una presencia considerable de PAS, los niños se involucran personalmente en el conflicto de los padres. Incapaces de manejar la situación de manera que puedan preservar una relación afectuosa con ambos, el niño se pone del lado de uno de los progenitores y en contra del otro, y participa en la batalla como aliado del padre alienador que se devine como “el bueno” frente al otro padre, que se contempla como “el malo”. En un estudio realizado entre 175 niños de familias altamente conflictivas, Johnson descubrió que la hostilidad crónica y el constante litigio entre los padres contribuía al desarrollo del PAS entre los hijos mayores (9). En otras palabras, cuando el sistema se muestra incapaz de calmar y contener los conflictos de divorcio entre los padres, los hijos tienen mayores riesgos de desarrollar un PAS cuando crecen. Johnston reconoce que sus logros apoyan la afirmación de Gardner de que hasta el 90% de los niños involucrados en un litigio continuado de custodia muestran síntomas de PAS.

Un estudio a gran escala de los patrones de conflicto legal entre los padres divorciados tres o cuatro años después de terminar el proceso arrojan hallazgos significativos en el sentido de que las parejas más hostiles en el divorcio no fueron necesariamente los que se involucraron en las batallas legales más contenciosas (20). Esto sugiere que el PAS puede no darse sólo en el contexto de un litigio, sino que puede desarrollarse una vez que el litigio ha concluido, o con motivo de retomar nuevamente la actividad litigiosa después de varios años, apoyando así lo que Dunne y Hedrick descubrieron en su estudio clínico en familias con PAS agudo (22).

Conforme a la opinión de Johnston, el divorcio altamente conflictivo es el producto de un impasse de muchos aspectos entre los progenitores (8). A menudo, el impasse tiene sus raíces en la vulnerabilidad extrema de uno de ambos progenitores respecto a temas relacionados con la herida narcisista, la pérdida, la rabia y el control. Estas vulnerabilidades impiden un ajuste satisfactorio del divorcio y alimenta un ciclo inagotable y a veces en escalada de acción y reacción que promueve y mantiene el conflicto entre progenitores. Los padres se quedan enquistados durante la transición, en una situación psicológica que no es ni de matrimonio, ni de separación ni de divorcio, un patrón que puede surgir incluso cuando sólo uno de los progenitores sufre perturbaciones significativas. Usando el modelo de Johnston, el PAS puede concebirse como un esfuerzo por parte de uno de los progenitores, con la ayuda de los hijos, de “resolver” el impasse surgido del divorcio con una comprensión perfectamente inequívoca de quién es el bueno, quién es el culpable y de cómo el progenitor culpable debiera ser castigado. El siguiente caso ilustra este supuesto. Como en otros casos paradigmáticos que se intercalarán a lo largo de este artículo, el escenario descrito ha sido sintetizado de casos reales que la autora y sus colegas han presenciado.

El Sr. L había adoptado al hijo de su esposa, habido de un matrimonio anterior, y además, él y la Sra. L tenían un hijo propio, una niña de seis años, cuando el Sr. L. Dejó el domicilio familiar. Durante los seis meses que precedieron a este súbito suceso, la Sra. L. había vivido en una parte de la casa con el hijo mayor, en tanto el Sr. L. y su hija tenían habitaciones juntas en otra parte de la casa. Los padres apenas se hablaban, pero los niños deambulaban libremente por la casa con ambos padres. En tales circunstancias, el Sr. L. no creyó que su esposa se opusiera a su marcha, pero por si acaso se producía una escena, decidió primero irse y luego abordar las consecuencias prácticas con la Sra. L. Dejó una carta para ella y otra para los niños, explicando su decisión y afirmando su deseo de establecer un sistema para ver a los hijos y contribuir a su sostenimiento. La Sra. L se enfureció. Inmediatamente cambió las cerraduras y bloqueó con éxito todos los esfuerzos de su marido de contactar con los niños telefónicamente y de verlos. Ambos niños se sintieron probablemente traicionados por su padre, y la Sra. L. amplificó esos sentiemientos diciendo a los niños que su padre los había abandonado y que no se preocupaba por ellos. También le acusó de tener muchas aventuras durante el matrimonio, aunque el Sr. L. siempre lo negó. Estas acusaciones pudieron surgir de que la Sra. L. supo seis semanas después de la marcha de su esposo de que este estaba saliendo con alguien. Furiosa, le dijo al Sr. L. que nunca volvería a ver a los niños. Ella y los niños comenzaron a llamar al Sr. L. y a su novia a todas horas, gritando acusaciones y obscenidades por teléfono hasta que se pudo obtener una orden judicial de restricción. Cuando los esfuerzos del abogado del padre para intentar una mediación entre el Sr. y la Sra. L. chocaron contra un muro, el Sr. L. obtuvo una orden judicial respecto al régimen de visita. Habían pasado tres meses cuando volvía a tener la oportunidad de ver a sus hijos desde que se marchó de casa. En la víspera de esta visita, la Sra. L llamó al servicio de protección de menores y acusó al Sr. L. de acosar sexualmente a su hija. De acuerdo con las notas del asistente social, que se exhibieron en el pleito posterior, la Sra. L. dijo al asistente social que “sabía” que el Sr. L. acosaba sexualmente a su hija incluso en la época en que ambos convivía aún.

El juzgado de familia ordenó una informe sobre la custodia que se elaboró con minuciosidad y que se completó tras varios meses. El evaluador documentó varias situaciones en las que las afirmaciones de la niña sobre el abuso y el odio hacia su padre habían sido fuertemente inducidas por la rabia abrumadora de la madre y del medio hermano mayor, que se había alineado intensamente con la madre. A la Sra. L se le diagnosticó un severo trastorno narcicista de la personalidad con características antisociales, en tanto que el Sr. L. fué considerado por el evaluador como más bien pasivo en comparación, e igualmente ambivalente y soslayador de todo conflicto. El evaluador pudo mantener una reunión con el padre y la hija juntos, durante la cual era visible el vínculo afectivo entre ambos. Era la primera oportunidad para la pequeña de hablar con su padre sobre los sentimientos engendrados por su marcha. Resultó también ser su última oportunidad. El PAS se intensificó de tal manera que los intentos para volver a celebrar otras sesiones con el padre y la hija juntos fracasaron cuando la niña cogió una rabieta en la sala de espera y huyó gritando al aparcamiento donde esperaba su madre.

Siete meses después de la separación matrimonial, el informe del evaluador de la custodia se presentó. Aseguraba que el abuso del que se había formulado acusación no había existido con toda probabilidad, pero fracasó a la hora de diagnosticar PAS agudo junto con las falsas acusaciones de abuso. El evaluador recomendó que la madre retuviera la custodia y que la niña y sus padres se embarcaran en una terapia individual que permitiera facilitar la reunificación de padre e hija. No fué de sorprender que la Sra. L. se las arreglara para que el terapeuta internista que trató a la hija nunca viera el informe del evaluador de la custodia. Basado en la información que trasmitía la madre exclusivamente, el terapeuta trató a la hija de un abuso sexual de su padre en lugar de facilitar terapia específica de divorcio encaminada a ayudar a la pequeña a ajustarse a la nueva situación de divorcio de sus padres y a establecer una relación post divorcio con su padre. La rabia de la niña hacia su padre se fue extremando cada mes más, lo que hacía fracasar las visitas planificadas por el centro de mediación familiar. Finalmente, un año después de la separación, el evaluador de la custodia se sintió inclinado a testificar la presencia de un PAS y a hacer las fuertes recomendaciones que se requerían para remediar la situación. Para ese tiempo, el padre estaba ya convencido de que nadie podía hacer nada respecto a las contínuas expresiones de odio de su hija hacia él. También se sintió intimidado por la perspectiva de una prolongación del litigio y de un mayor hundimiento económico. Decidió dejarlo pasar, confiando en que un día, cuando su hija creciera, comprendiera y volviera a buscarle.

 

NIÑOS RETENIDOS COMO REHENES: TRATANDO CON NIÑOS PROGRAMADOS Y CON LAVADO DE CEREBRO.

A finales de los setenta, jueces, padres y profesionales de la salud mental que tenían relación con el divorcio se preocuparon tanto de la programación parental de los hijos que la Asociación Legal Americana en su sección Derecho de Familia comisionó un estudio de 12 años entre 700 familias divorciadas (7). Clawar y Rivlin hallaron que el problema de la programación parental estaba muy extendido y que incluso en los niveles más bajos tenía un considerable impacto sobre los niños. Los datos de las múltiples fuentes analizadas que se analizaron incluían: registros escritos, tales como transcripciones de juzgados, informes forenses, notas de terapias y diarios de niños; cintas de audio y vídeo con interacciones entre los niños, sus padres y terceros relacionados con el caso; observaciones directas, tales como hijos con padres y clientes con abogados; y entrevistas con niños, parientes, amigos de la familia, profesionales de la salud mental, personal de los colegios, jueces y mediadores.

Los trabajos de Gardner sobre el PAS se referenciaban al principio del libro de Clawar y Rivlin (7), pero los autores se inclinan por lo que manifiestan ser su postura al respecto, que los casos menos severos no son causa de mayor preocupación. Descubrieron que el PAS puede ser el resultado de una serie de procesos complejos, tanto si uno de los progenitores se embarca o no en una campaña sistemática de programación, y tanto si la alienación es el objetivo del padre que programa, como si no. La alienación parental es sólo uno de los múltiples efectos nocivos. De acuerdo con este estudio, incluso los padres bien intencionados a menudo intentan influir en lo que dicen sus hijos durante los procesos en los que se deciden la custodia y el régimen de visitas.

Los niveles suaves de programación y de lavado de cerebro por los progenitores tienen efectos considerables.

Clawar y Rivlin basan su trabajo en 30 años de literatura sobre la psicología social y los procesos de influencia social, que han recibido varios nombres en la literatura, tales como reforma, lavado de cerebro, adoctrinamiento, modelación, replicación, control mental, re-educación y persuasión coercitiva. Estos términos describen varios métodos psicológicos para eliminar de las personas ideas que las autoridades no desean que tengan, y para reemplazar las viejas formas de pensar y de comportarse por otras nuevas. Para los propósitos de la investigación, Clawar y Rivlin pusieron de manifiesto la necesidad de una terminología definida con mayor precisión. Seleccionaron las palabras “programación” y “lavado de cerebro”. Definieron la palabra “programa” como el contenido, los temas y las creencias transmitidas por el progenitor programador al niño en relación con el otro padre.

El “lavado de cerebro” se definió como el proceso interactivo por el que un niño es persuadido a aceptar y elaborar el discurso desde el programa recibido. El lavado de cerebro se da a lo largo de un plazo de tiempo, e implica una repetición del programa o de las palabras código que hacen referencia al programa, hasta que el sujeto responde con aceptación en sus actitudes y su comportamiento.

De acuerdo con Clawar y Rivlin, la influencia de un progenitor programador puede ser consciente y deseada o inconsciente y no intencionada. Puede ser obvia o sutil, con recompensas por una respuesta positiva a la programación, que pueden ser materiales, sociales o psíquicas. La ausencia de respuestas positivas a la programación puede resultar en sutiles castigos psíquicos tales como la retirada del cariño o un castigo corporal directo, como se ilustra en el caso de S., en la parte II de este artículo. El autor localizó otro caso en el que la madre alienadora esposó a su hijo al cabecero de su cama cuando tenía 12 años por haber dicho el niño que no quería seguir diciendo que su padre había abusado físicamente de él. El estudio Clawar y Rivlin demostró que los niños pueden ser participantes activos o pasivos en el proceso de alienación. Como sugiere el caso de este niño de 12 años, la naturaleza y grado de la involucración el niño en un PAS puede cambiar con el tiempo.

Este estudio identifica el rol influencial de otras personas en la vida del hijo, tales como parientes y profesionales alineados con el progenitor alienador, cuya adehesión al programa apresura el proceso de lavado de cerebro. De manera general, estos hallazgos parecen reproducir la investigación de la Dra. Johnson sobre los divorcios altamente conflictivos que identificaban la importancia de terceros en los conflictos parentales (8). Rand hizo notar la influencia de los llamados “participantes profesionales en el Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto que en el curso de un divorcio puede solaparse con el PAS” (23)

Clawar y Rivlin identifican ocho fases en el proceso de programación/lavado de cerebro que culminan con un Síndrome agudo de Alienación Parental (7). Reconociendo el desequilibrio de poderes entre progenitor e hijo, contemplan el proceso como producido por el padre alienador, que induce a la persuasión el niño en una base gradual, por pasos.

  1. Emerge o se elige un determinado tema sobre el que se concentran el progenitor programador y el niño. Este puede estar vinculado a una ideología más o menos formal respecto a temas como la familia, la religión o las etnias.
  2. Se crea un sentimiento de apoyo y conexión con el progenitor programador.
  3. Se induce un sentimiento de comprensión hacia el progenitor programador.
  4. El niño empieza a mostrar síntomas de persuasión , tales como la expresión de temor a visitar al progenitor objeto, o rehusar a hablar con dicho progenitor por teléfono.
  5. El progenitor programador mide el grado de persuasión del niño, por ejemplo, preguntándoles tras las visitas que ha realizado al otro progenitor, y recompensándole por las respuestas “correctas”.
  6. El progenitor programador mide la lealtad del niño pidiendole que exprese sus puntos de vista y las actitudes que pueden sugerir una preferencia de un progenitor sobre el otro.
  7. Esto produce la escalada, la intensificación o la generalización, por ejemplo ampliando el programa con retoques o con nuevas acusaciones. El niño rechaza al padre objeto de manera global e inequívoca.
  8. El programa se mantiene, así como la persuasión del niño, variando desde pequeños recordatorios y sugerencias a una presión intensa, dependiendo de la actividad litigiosa y del esquema mental del propio niño.

 

ESTUDIOS CLINICOS DEL PAS.

Según Gardner, secundado por Cartwright, el Síndrome de Alienación Parental es un concepto en desarrollo, que la práctica clínica y forense refinará y redefinirá en función de la mejor comprensión sobre nuevos casos con características diferentes (24). Esta sección revisa el trabajo de algunos ejercientes que, como Cartwright, buscan sobreedificar sobre el trabajo de Gardner contribuyendo con sus propios conocimientos y experiencias laborales con casos de PAS que van desde moderado a grave.

Dunne y Hedrick

Ejercientes en Seattle, Washington, Dunne y Hedrick analizaron dieciseis familia que reunían los cirterios que Gardner definió para diagnosticar PAS grave (22). Aunque los casos evidencian una amplia diversidad de caracterísitcas, los autores verificaron que los criterios de Gardner se mostraron útiles para diferenciar estos casos de otras dificultades asociadas al post-divorcio, dando apoyo a la idea de que el PAS tiene características distintivas que le distinguen de otras formas de divorcios altamente conflictivos. Entre los casos de PAS grave examinados, algunos mostraban acusaciones falsas de abuso, y otros no. Niños de la misma familia respondían a veces al divorcio con ajustes de naturaleza opuesta. Por ejemplo, el hijo mayor de una familia, una niña de 16 años, se alineó con su madre alienadora, en tanto que el deseo de relación de su hermano de 12 años con su padre conduja al rechazo eventual del hijo por parte de la madre.

En otro caso, la separación fallida entre la madre y la hija, de cuatro años en el momento de la separación matrimonial, contribuyó a un patrón de creciente rechazo de la niña hacia su padre. Se comprobó que el ataque de PAS en una familia determinada se desencadenaba antes de la separación de los padres, durante los procesos de divorcio o años después de la sentencia de divorcio. Dunne y Hedrick describen a una niña de dos años y medio cuyos padres estaban disputándose la custodia, y en cuyo entorno ya habían existido numerosos precedentes de acusaciones por parte de la madre desde los primeros meses de su embarazo. Algunos de los adolescentes en esta muestra han disfrutado de una larga y positiva relación post divorcio con un padre antes de comenzar a rechazarle como parte de un escenario de PAS.

Lund

La psicóloga Mary Lund examinó los factores que adicionalmente a la programación parental podían contribuir al alejamiento entre el niño y el padre rechazado (19). Escribió que los métodos que Gardner defendía, tales como órdenes judiciales para mantener el contacto, eran válidos en muchos casos y que podían ayudar a prevenir que el niño desarrollase una reacción fóbica de rechazo al padre, que es lo que puede suceder cuando se discontinua el contacto en el curso de procesos legales muy dilatados. Tales intervenciones legales a menudo son la piedra angular del tratamiento. En el tratamiento de estas familias Lund integra los trabajos de Gardner con los de Janet Johnston. Ella asesora a la familia en términos de los factores de desarrollo que en los hijos pueden contribuir, tales como los problemas asociados a la separación de los niños preescolares y el comportamiento opositor durante la preadolescencia y la adolescencia. Los déficits del padre no custodio en cuanto a la paternidad pueden también contribuir al problema. En su experiencia, el progenitor odiado, generalmente el padre, a menudo tiene un estilo distante, rígido, incluso autoritario, que contrasta con el estilo indulgente y brillante del padre amado, que puede también necesitar ayuda en cuanto a una paternidad apropiada. Estas son generalizaciones arriesgadas, no obstante. En la experiencia de esta autora y de otros, los padres alienadores y los objeto exhiben una amplia variedad de patrones de personalidad que no permite incluirles en este tipo de generalizaciones. Adicionalmente, en los casos en los que el padre es el alienador, es a veces él quien emplea un estilo excesivamente indulgente y materialmente pródigo para abrumar y sobrepujar el vínculo psicológico más sano que el niño tiene con la madre.

Según Lund, el PAS también puede desarrollarse cuando el stress del niño en el intenso conflicto del divorcio es sencillamente demasiado para el niño, que busca escapar de una situación de “atrapado en medio” en la que está cogido por alinearse con un padre. Los terapeutas, especialmente los terapeutas infantiles que realizan tratamientos individuales pueden inadvertidamente convertirse en parte del sistema que mantiene activado el PAS, de manera que puede llegar a requerirse una orden judicial para romper la influencia polarizadora del terapeuta. Finalmente, podrán requerirse una combinación de intervenciones estratégicas de orden legal y terapéutico para mitigar el PAS y mantener el caso dentro de límites manejables.

Cartwright

Un sociólogo canadiense, Cartwright, establece ocho puntos sobre el PAS:

1) El PAS puede ser provocado por conflictos distintos a asuntos de custodia, como por ejemplo, pensiones para los hijos, y diferencias de naturaleza relativamente trivial.

2) La alienación es un proceso gradual y consistente, directamente proporcional al tiempo en que se ha estado alienando.

3) El tiempo obra a favor del padre alienador, que puede imponer una multitud de tácticas dilatorias.

4) La lentitud de los juicios puede exacerbar el problema.

5) Los padres alienadores a menudo utilizan las insinuaciones de abuso sexual para desacreditar al otro progenitor, lo que Cartwright llama acusaciones “virtuales” de abuso sexual.

6) Para contrarrestar la fuerza de la alienación se requerirán juicios legales claros y asentados enérgicamente.

7) Los niños sujetos a alienación excesiva pueden desarrollar enfermedades mentales y

8) El éxito de la alienación parental tiene profundas consecuencias a largo plazo para el niño y para otros miembros de la familia que apenas están comenzando a identificarse (24).

Como ejemplo de acusaciones “virtuales” de abuso, Cartwright describe a una madre que insinuó abusos sexuales por parte del padre acusándole de haber mostrado al niño una cinta de video pornográfica que, en realidad, resultó ser una comedia de Hollywood alquilada en un videoclub. En relación al riesgo del niño de contraer enfermedades mentales, Carwright ofrece el ejemplo del comportamiento desintegrador de un hijo alienado, presumiblemente en edad de latencia, que trató de envenenar a su padre poniendo ambientador en su medicina estomacal. Más tarde, el niño huyó durante una visita al padre, y hubo que llamar a la policía. La literatura sobre las locuras a dos incluyen un informe de 1977 de un niño de 10 años acusado de haber intentado quemar la casa de su padre dos años después del divorcio de estos, aparentemente como resultado de una relación de locuras a dos con su madre perturbada (25). Tales casos sugieren que el PAS grave puede ser indicativo de perturbaciones emocionales significativas en el padre alienador con un efecto proporcionalmente perturbador sobre el niño.

Cartwright describe lúcidamente los efectos psicológicos del niño con PAS agudo. “El niño… experimenta una gran pérdida, cuya magnitud es comparable con la muerte de un padre, dos abuelos y todos los parientes y amigos del padre… Además… el niño es incapaz de aceptar la pérdida, y menos de lamentarla” (24). Los buenos recuerdos del niño respecto del padre alienado son sistemáticamente destruidos y el niño pierde la interacción diaria, el aprendizaje, el apoyo y el amor que, en una familia intacta, fluye con normalidad entre el niño y ambos padres, así como con los abuelos y otros parientes de ambos progenitores.

El niño puede encontrar obstáculos insuperables si, más tarde en su vida, busca reestablecer las relaciones con el padre perdido y su familia. El padre perdido puede ya no desear o ser incapaz de volverse a involucrar. El padre o los abuelos pueden haber muerto. Algunos de estos niños eventualmente se vuelven contra el padre alienador, y si el padre objeto se ha perdido también para ellos, al niño se le queda un vacío imposible de volver a llenar.


PROGENITORES QUE INDUCEN A LA ALINEACIÓN.

Por sexos.

La observación de Gardner respecto a que las madres parecen adoptar un comportamiento de PAS con una frecuencia significativamente mayor que los padres nace de las estadísticas sobre el divorcio, así como de la literatura clínica sobre el PAS. El estudio sobre Hijos del Divorcio en California descubrió que en muestras no clínicas, las madres tenían el doble de posibilidad que los padres para formar alineamientos del tipo PAS con los niños (2). Cuando surgen las falsas acusaciones de abuso, como sucede en las manifestaciones más agudas de PAS, parecen ser también las madres las responsables de la mayoría de ellas (3, 26-28). Las madres constituían el 67 % de las acusadoras en un estudio de ámbito nacional que revelaba que las acusaciones de abuso en el curso de disputas de divorcio/custodia serán falsas en cerca del 50% de las mismas (12). Los padres eran acusadores en un 22% de los casos, mientras que terceros tales como parientes y profesionales lo eran el 11% de las veces. Cuando era un tercero el iniciador de la acusación, un padre podría también pensar que existía abuso. Los números se invierten cuando se da la abducción física del niño, siendo los padres los abductores en el 60 a 70% de los casos (18). Puede haber diferencias asociadas al sexo sobre cómo hombres y mujeres progresan en la labor de adquirir control sobre sus hijos y tomar venganza sobre su ex-cónyuge, estando los hombres más inclinados al secuestro físico y las mujeres más inclinadas a la abducción psicológica y social, que es como Clawar y Rivlin caracterizaban al PAS agudo (7).

Parejas que no llegaron a casarse.

Los padres pueden involucrarse en un comportamiento asociado al PAS incluso si jamás llegaron a casarse. En el estudio de Johnston sobre los niños que rehúsan las visitas, ella encontró que entre el 6 y el 15% de las parejas altamente conflictivas que estudió no estaban casadas (9). En la experiencia de la autora, uno de los factores que contribuyen al PAS en el caso de algunas de estas parejas es el resentimiento y la rabia de la madre por la negativa del padre a casarse con ellas, un efecto que se exacerba si el padre se involucra con una nueva pareja. Una madre en su posición puede tener fuertes sentimientos de propiedad, similares a lo que describen Clawar y Rivlin (7), furiosas por la injusticia de que las leyes de custodia conjunta den al padre el derecho a mantener la relación con su hijo sin haber cumplido sus obligaciones respecto a la madre.

Nuevas parejas.

Johnston halló que la nueva pareja de cualquiera de los dos progenitores puede ser el instigador primario de los esfuerzos por obtener la custodio del niño (8). Algo similar sucede cuando un padre que se divorcia se asocia a un culto religioso que estimula la lucha activa por conseguir arrebatar la custodia al progenitor no asociado al culto, situación en la que el culto adopta el papel de una nueva pareja, como se muestra en uno de los casos que se describen a continuación.

Vulnerabilidad Narcisística.

Johnston verificó que en diversos grados, uno o ambos progenitores en divorcios altamente conflictivos pueden ser vulnerables desde el punto de vista narcisista, careciendo de una identidad propia bien establecida, y dependiendo de defensas primitivas, tales como la externalización, la negación y la proyección (8). La necesidad de uno o de ambos progenitores de protegerse y defenderse contra las heridas narcisistas es la raíz de muchos divorcios altamente conflictivos. Este puede ser un factor motivador del PAS en ciertos casos, una dinámica descrita por Wilhelm Reich hace casi 50 años (29) cuando avanzó cómo los progenitores con determinados tipos de carácter buscarían defenderse a sí mismos de las heridas narcisistas infligidas durante el divorcio canalizando su lucha por los hijos, usando la técnica de difamar a la pareja para alienar al niño del otro progenitor.

Necesidad de Ocultar Déficits Parentales.

Conforme a Clawar y Rivlin, la campaña para alienar al niño del otro progenitor se utiliza a veces para deflectar un escrutinio no deseado de los problemas personales del progenitor programador, por ejemplo, alcohol, drogas, paternidad irresponsable, abuso físico y sexual, comportamientos delictivos o estilo de vida socialmente no aceptado (7). A veces los padres adoptan comportamientos de PAS por miedo a que se les halle faltos cuando se comparan al progenitor objeto, más cariñoso y capaz. La literatura sobre falsas alegaciones en las disputas de divorcio/custodia a menudo confirman que la acusación ayuda al acusador a igualar el campo de juego, por decirlo así.

Vulnerabilidad a la Separación y la Pérdida.

Un factor en algunos divorcios claramente conflictivos resulta ser la presencia en uno o ambos padres de vulnerabilidades específicas subyacentes hacia la pérdida y los conflictos que rodean el vínculo y la separación (8). Puede desarrollarse por tanto un escenario de PAS cuando un progenitor turbado que ha sido rechazado con el divorcio, afronta la pérdida y la soledad volviéndose hacia el niño como medio de llenar las necesidades emocionales, resultando en lo que Wallerstein llama “el niño sobrecargado”, del que hablaremos en la parte II. Para algunos padres, el divorcio reactiva el tema de la desvinculación de pérdidas pasadas, tales como un divorcio previo, el secuestro o la muerte de un niño, o la pérdida de otro miembro de la familia. Un progenitor en tales circunstancias puede incurrir en PAS para defenderse de “pérdidas” adicionales, como la que representa tener que compartir al niño con el otro progenitor. Algunos progenitores tienen problemas de personalidad de larga duración con la desvinculación y la individuación. Los conflictos subsiguientes generados en torno al niño por el PAS ayudan a desterrar los sentimientos de pérdida o abandono con el mantenimiento de la relación con el ex-esposo. El PAS puede ser también empleado en mantener enfocada la hostilidad del otro progenitor, como en el caso del Síndrome Medea (4, 5) y el Síndrome de la Madre Maliciosa en relación con el Divorcio (6, 30).

Venganza .

Clawar y Rivlin hallaron que la venganza es una de las razones más comunes y poderosas que los progenitores tienen a la hora de adoptar un comportamiento alienador (7). Las características de la personalidad de algunos progenitores son tales que la venganza parece restar su única opción viable en respuesta a sus sentimientos heridos por el divorcio. El deseo de venganza puede ser estimulado aún más si se descubre una infidelidad, si el padre alienador resulta abandonado por otra persona o si se reconocen inmediatamente reemplazados por un nuevo objeto amoroso en la vida del padre que le dejó.

Necesidad de Controlar y Dominar.

Algunos progenitores alienadores están impulsados por una necesidad incontrolable de poder, influencia, dominio y control (7). Sumirse en el PAS puede proporcionarles la doble gratificación de mantener el poder, la influencia y el control sobre el niño y, vicariamente, sobre el ex-cónyuge cuyo régimen de visitas y relaciones con el niño resulta frustrado por las maniobras de control del padre alienador. Las necesidades de controlar y dominar se evidencian a veces en la abducción del niño, o en su uso para mofarse y torturar al frenético padre objeto. Además de los padres y las madres, una nueva pareja puede ser quien tenga la necesidad de poder, dominio y control. Por ejemplo, una madre puede involucrarse con una nueva pareja que, primariamente, la seduce alejándola de su relativamente débil esposo y luego actúa como una especie de líder de culto personalista para con la madre y el niño, a los cuales programa y lava el cerebro para domeñarlos y obtener su sumisión.

Síndrome Medea.

La necesidad de venganza alcanza sus extremos en el Síndrome Medea (4, 5). “Las Medeas modernas no desean matar a sus hijos, pero sí quieren venganza de sus ex esposas o esposos y lo logran destruyendo la relación entre el otro progenitor y el niño… El síndrome Medea se inicia con el matrimonio en crisis y la separación subsiguiente, cuando los padres pierden, en ocasiones, de vista el hecho de que sus hijos tienen necesidades distintas a las propias y comienzan a pensar en el niño como una extensión del propio yo… Un niño puede ser utilizado como agente de venganza contra el otro progenitor… o la rabia puede conducir incluso al robo del niño” (5) Los “amargamente caóticos” progenitores descritos con anterioridad por Wallerstein y Kelly pueden incluso caer en la categoría de los vengativos (2). Estos progenitores liberan su intensa ira de manera desorganizada pero crónicamente disruptiva, que bombardea a los niños, más que les protege, con la cruda amargura y el caos de los sentimientos de dichos progenitores para con el ex-cónyuge y con el divorcio mismo.

Síndrome de la Madre Maliciosa Respecto al Divorcio.

Turkat hubiera debido llamar a esta perturbación “Síndrome del progenitor Malicioso”, pero dejándolo así, esta perturbación describe una clase especial de progenitores alienadores, que emprenden una campaña multifacética y despiadada de agresiones y engaños contra el ex-cónyuge, como medio de castigarle por el divorcio (6, 30). En contra de la opinión de Turkat, la autora ha localizado varios casos en los que el padre era el progenitor malicioso, como ilustra el caso descrito al final de esta sección. Cuando hace mención al PAS, Turkat lo clasifica como una forma moderada de interferencias en las visitas en comparación con el Síndrome de la madre maliciosa en relación con el divorcio. El progenitor que sufre de este último emplea toda una gama de tácticas, incluyendo la litigación excesiva, la alienación del niño respecto del padre objeto y la involucración del niño y de terceras personas en acciones maliciosas en contra del ex-cónyuge. La mentira y el fraude se utilizan rutinariamente. Un progenitor malicioso podría hacer que su esposo fuera investigado por uso de drogas ilegales en el trabajo, o denunciar a su nueva parea. Los progenitores maliciosos suelen utilizar con éxito la ley para castigar y acosar al ex-cónyuge, a veces en violación de la propia ley, pero saliéndose eventualmente con la suya. Sus esfuerzos para interferir con el régimen de visitas del padre objeto son persistentes y omnipresentes, incluyendo los intentos de bloquear al padre objeto en la regularidad y continuidad de su régimen de visitas con el niño, y de mantener el contacto telefónico con ellos, así como intentando bloquear al padre objeto de la participación en la vida escolar y las actividades del niño.

Las suspicacias y los ataques verbales del Sr. C. Contra su esposa finalmente la condujeron a solicitar el divorcio. Como en ocasiones anteriores, el Sr. C. amenazó con que, de no se reconciliaban, él obtendría la custodia de su hija de cuatro años y se aseguraría de que la madre no la volvería a ver. En el pasado, la Sra. C. había cedido, temiendo que el Sr. C. cumpliera sus amenazas, pero esta vez no lo hizo. El Sr. C solicitó la custodia única basándose en la falsa acusación de la falta de idoneidad de la madre. Cuando estas alegaciones no se pudieron sostener, el padre formuló otras nuevas. Un año después de la demanda, la Sra. C. se comprometió con otro hombre. El Sr. C. se las arregló para romper el compromiso acusando al novio de abusar sexualmente de la niña. Hizo que la policía arrestara al novio en casa de la madre. Cuando los servicios de protección infantil informaron a la madre de que se llevaría a la hija ante su fracaso en protegerla, la madre canceló su compromiso, aterrorizada de que el r. C. cumpliera su amenaza de llevase a su hija. Cuando la policía y los servicios de protección infantil investigaron las acusaciones de abuso sexual y comprobaron que tal abuso nunca existió, la Sra. C. prosiguió con sus planes de boda. El padre lanzó acusaciones de abuso sexual contra el nuevo esposo de la Sra. C. en los juzgados de familia, y logró de manera temporal obtener la custodia. Cuando la evaluación ordenada por el juzgado determinó que las acusaciones no tenían fundamento y que el padre estaba emocionalmente perturbado y presionaba al hijo a reportar abusos, se le devolvió la custodia primaria a la madre. Durante su tiempo de visita, el padre y un amigo continuaron interrogando a la niña sobre abusos de su padrastro, y a medida que el tiempo transcurrió, ella se fue sintiendo crecientemente presionada para darles la razón. Lejos de la influencia paterna, no obstante, la niña disfrutaba su familia, con su madre y padrastro. Ella declaró a diferentes terapeutas que ella sólo había acusado a su padrastro de abuso sexual para complacer a su padre y al amigo de este.

Entretanto, el Sr. C. y su amigo continuaron reportando abusos contra el padrastro, creando un considerable trastorno a la Sra. C y a su nuevo esposo y a la hija. Finalmente, cuando la niña tenía diez años, el padre logró que el tribunal de menores adquiriera jurisdicción y le diera la custodia, pese a que los exámenes médicos de la niña no apoyaban las crecientemente graves acusaciones. A la Sra. C. no se le permitía ver a la hija. Cuando ella intentó contactar con el terapeuta que ahora estaba tratando a la niña por abusos sexuales realizados por el nuevo esposo de la Sra. C, el terapeuta fue arisco y rehusó hablar con ella. La madre fue torturada por los informes de de una serie de asistentes sociales del cuerpo de protección de la infancia que indicaron que la niña actuaba de manera extraña y a menudo auto destructivas. Con doce años, fue detenida por la policía por ejercer la prostitución y tuvo que ser internada en un psiquiátrico. Varios profesionales que habían estado involucrados en el caso cuando la madre tenía la custodia se preguntaron si el Sr. C. estaba deliberadamente destruyendo a su hija como venganza contra la madre. El Sr. C. pudo retener la custodia, no obstante, concentrando la atención de las autoridades en las acusaciones de abuso sexual contra el padrastro.

Mucho antes de que Turkat identificase el Síndrome de la Madre Maliciosa en Relación al Divorcio, un psicólogo cuya ex esposa padecía ostentosamente el trastorno, escribió un libro en torno a esta ordalía (31). Acusándole de abusar sexualmente de su hija, la madre logró que la policía le detuviera a él en su oficina, en presencia de sus clientes y sus empleados. También logró que estuvieran presentes unos reporteros de prensa, para que las fotos del sorprendido psicólogo siendo esposado y conducido a la cárcel tuvieran amplia difusión. El padre plantó cara y eventualmente obtuvo la custodia conjunta cuando el tribunal decidió que los extremados esfuerzos de la madre para amputar la relación del padre con su hija resultaban en detrimento de la misma, despojándola de la custodia única.


Características personales de los progenitores que realizan falsas acusaciones de abuso sexual en las disputas del divorcio.

Wakefield y Underwager emprendieron una revisión sistemática de los casos de archivo sobre divorcio y custodia a fin de examinar y comparar las características de 72 acusadores en falso, 103 padres acusados falsamente y un grupo de control de 67 progenitores que habían disputado por la custodia pero sin realizar acusaciones de abuso (28).

Los criterios para determinar si un progenitor había acusado en falso incluían el pronunciamiento judicial de que el abuso no había existido. De los tres grupos, el de progenitores que acusaban en falso tenía muchas más probabilidades de haber sido diagnosticado por un profesional como aquejado de un trastorno de la personalidad, incluyendo confusión, falta de especificidad, histrionismo, enajenación, pasividad/agresividad o paranoia. Sólo en torno a la cuarta parte de los falsos acusadores no mostraban patologías graves, mientras que la mayoría de los padres que estaban disputando la custodia sin acusaciones de abuso fueron consideradas como normales. Algunos de los falsos acusadores estaban tan obsesionadas con la rabia hacia sus ex-cónyuges que esto devino lo más importante de sus vidas. Continuaban obsesionados con el abuso a pesar de las conclusiones negativas por parte de los profesionales de la salud mental y de los tribunales, de manera similar a la obsesión padecida en casos de trastornos alucinatorios y el Síndrome de Muchhausen por terceras partes. La relación de los progenitores acusadores en falso con sus hijos se caracterizan a menudo por ser extremadamente controladoras y simbióticas. Dos de ellas recibieron un diagnóstico formal de locura a dos entre progenitor e hijo. Varios exhibieron trastornos extremadamente graves, tales como comportamiento imprevisiblemente raro, la creencia de que poseían poderes sobrenaturales y delirios de grandeza. Estos autores hallaron más similitudes que diferencias entre las madres y padres que acusaban en falso, de las cuales la inmensa mayoría eran madres.

Síndrome SAID.

Blush y Ross han aportado tres perfiles psicológicos para madres que acusan en falso, y un perfil típico de padre acusador (3, 26, 27). Las madres tienden a presentarse como “víctimas atemorizadas”, “vindicadoras con justificación” o, hasta cierto punto, psicóticas. La presentación como “víctima atemorizada” implica la manipulación de la imagen social en torno a un tema específico al cual los demás responden con comprensión y apoyo, tal como un abuso a un niño o a una esposa. Las “vindicadoras con justificación” inicialmente se presentan como organizadas intelectualmente, con una programación consciente, incluso pseudo científica, similar a lo que Clawar y Rivlin reportaron cuando contemplaron la motivación del “yo tengo la razón” como un factor importante en algunos progenitores programadores. Las mujeres del tercer grupo presentan una combinación de confusión y características histriónicas, que interactuaban con el stress del divorcio para deterioraban la percepción de la realidad de la madre interfiriendo significativamente con su desempeño, a veces hasta el punto de alcanzar una manifestación psicótica o casi psicótica. DE manera similar a los hallazgos de Wakefield y Underwager (28), las madres de las tres categorías tendían al histrionismo en sus manifestaciones, tan emocionalmente convencidas de los “hechos” que ninguna cantidad de información, incluyendo la procedente de profesionales neutrales, podía disuadirla de sus percepciones. De acuerdo con Blush y Ross, el típico perfil de los padres acusadores es de rigidez intelectual y de una necesidad de ser “correctos”, posiblemente contrapartidas masculinas de las madres “vindicadoras con justificación”. Por su historial, estos hombres eran hipercríticos con sus esposas cuando el matrimonio estaba aún intacto, rápidos para sospechar de su negligencia y de acusarlas de ser malas madres. El trabajo de Gardner está referenciado en los artículos que tratan del segundo y tercer síndrome SAID de estos autores (26, 27).

 

Diadas Acusador y Acusado.

Se puede obtener información importante sobre un padre programador que emplea falsas acusaciones de abuso en el modo particular de acusar. El estudio realizado por Thoennes y Tjaden muestra que la batalla va más allá del madres contra padres y viceversa (12). Los progenitores no sólo se acusaban los unos a los otros, sino mutuamente a las respectivas nuevas parejas o parientes tales como abuelos o al hijo adolescente de la nueva pareja. Un progenitor que acusa a la nueva pareja de su ex-cónyuge puede buscar el logro de varios objetivos simultáneamente, expresando sentimientos de celos, venganza y tratando de evitar que el hijo forme un vínculo positivo con la nueva figura paterna. Las acusaciones contra los parientes del padre objeto pueden contener una combinación de venganza, acusaciones que no son fáciles de contrarrestar por parte del ex-cónyuge en tanto que no se han formulado directamente contra él, y un medio de excluir a los parientes del contacto en la vida del hijo tras el divorcio. El acusador puede desatar un conflicto devastador para el padre objeto, acusando a su hijo adolescente de un matrimonio anterior o al hijo adolescente de la nueva pareja de su ex-cónyuge. Esto tiene el efecto de forzar al padre objeto a “escoger” entre su hijo involucrado en la acusación formulada y otro niño al que ama y del que es responsable. Esto refuerza la habilidad del padre alienador para convencer al niño de que su papá no se preocupa de él.

El progenitor delirante.

Rogers cita el PAS en su informe sobre cinco casos de divorcio / custodia en los que el progenitor acusador, todas madres en esta muestra, sufrían de trastornos de delirio (32). Los niños eran sumidos bajo indebida influencia para hacer que aceptaran la acusación psicótica de la madre y el rechazo concomitante del padre en un escenario de PAS grave. Cuando el niño sucumbía, también podía verificarse una diagnosis de trastorno paranoico compartido, también conocido por locura a dos. De acuerdo con Rogers, las primeras fases del trastorno delirante de la madre se presentaron en alguna medida durante el matrimonio y los exacerbados conflictos entre los padres anteriores a la separación. Sin embargo, estos sutiles síntomas no se identificaban de inmediato como enfermedad psiquiátrica, y sólo reconocían en retrospectiva, a medida que los síntomas de la madre empeoraban en el curso del divorcio y de las disputas surgidas en el interim. Uno de los casos de PAS grave reportados por Dunne y Hedrick era un ejemplo de madre que desarrollaba un trastorno de delirio. Los “síntomas sutiles” se expresaban como sospechas durante el embarazo de que el padre iba a abusar del niño, similares al caso que este autor trató en el que las sospechas albergadas por la madre incluso antes del nacimiento del niño la impulsaron a su abducción unos meses más tarde. Según Rogers, las madres que entran en delirio eran normalmente las principales cuidadoras del niño. En los dos casos recibieron la custodia desde la primera fase del proceso por la custodia, tras lo cual se evidenció la naturaleza insoluble de su enfermedad mental y el juzgado dio la custodia al padre en cuatro de los cinco casos.

Síndrome Munchausen por terceras partes.

En algunos casos de PAS, en especial aquellas con falsas acusaciones de abuso, pueden existir características importantes en común con el Síndrome Munchausen por terceras parets (MSP), en el cual los progenitores cubren sus necesidades vicariamente, presentando a su hijo como un enfermo (23). En los casos de MSP clásico, los progenitores llevan repetidamente a los niños al doctor para pruebas y tratamientas innecesarias, a menudo dolorosas, que el médico se inclina a realizar basándose en la narración distorsionada del progenitor. El MSP “de tipo contemporáneo” se da cuando un progenitor fabrica un escenario de abuso para un niño y accede de buen grado o busca activamente reiterados exámenes policiales del niño en relación con el abuso, o de asistentes sociales o terapeutas (23). El concepto de MSP de tipo contemporáneo se elabora sobre la idea avanzada por Sinanan y Houghton de que los nuevos tipos de comportamiento MSP evolucionarán en paralelo con los nuevos servicios solciales o médicos, por ejemplo, el nuevo sistema de protección a la infancia (33). Los padres con MSP pueden cambiar o inventar nuevos síntomas en el niño para obtener más fácilmente la respuesta deseada por parte de un organismo o institución que ofrezca servicios especializados. Por tanto, el mismo niño puede estar recibiendo atención simultáneamente por síntomas físicos inventados de proveedores médicos severos y por abusos sexuales inventados de terapeutas o agencias públicas especializadas en los abusos. Una evaluación cuidadosa y minuciosa sobre las acusaciones de abusos sexuales puede darla por cuestionable o falsa, lo que a menudo llama la atención de las autoridades sobre un progenitor que está practicando tanto el “clásico” como el “contemporáneo” MSP.

Igual que sucede con el PAS, el MSP es mayoritariamente practicado por las madres, aunque los padres y otros cuidadores pueden también adoptar estos comportamientos. Los progenitores con MSP mantienen su equilibrio físico a través del control y de la manipulación de fuentes externas de gratificación social, incluyendo al niño y a las personas que le atienden. A los médicos y otros proveedores de servicios de salud se les llama a veces “participantes por terceras partes” en el MSP, por su importancia en contribuir a los fines de los progenitores, incluyendo las falsas acusaciones de abusos. Hay al menos cuatro manifestaciones tipo en las que el MSP y el PAS se solapan: 1) Una madre MSP puede, durante el matrimonio, añadir falsas acusaciones de abuso a los síntomas imaginados del niño, precipitando así el divorcio. 2) En los casos en los que el progenitor MSP se siente rabioso o rechazado en el divorcio, manipular la atención médica del niño e involucrarle en falsas acusaciones de abuso puede cumplir múltiples funciones, incluyendo la venganza, el mantenimiento del lazo simbiótico con el niño y la preservación de la libertad para proseguir con su comportamiento MSP. 3) Un progenitor enfrentado a las pérdidas y el stress del divorcio puede responder con un comportamiento tipo MSP para obtener apoyo social de parte del niño y quienes atienden a la salud de este. 4) Un progenitor alienador puede exhibir un comportamiento MSP manipulado a los cuidadores médicos del niño con el propósito primario de dilatar su programa de alienación (35).

En el PAS con características de MSP, el progenitor alienador puede ganar autoridad legal para controlar y determinar a quién ve al niño y qué tratamiento se le ha de administrar. El niño puede ser llevado al doctor tras las visitas paternas para detectar síntomas prefabricados o inducidos atribuidos al abuso o negligencia del padre. El niño estará posiblemente presente en el momento en el que el progenitor alienador hace esta presentación negativa del otro progenitor al doctor, quien inadvertidamente presta su apoyo al relato denigrante mientras lo escucha, formulando preguntas y examinando al niño. El padre objeto puede verse incapaz de parar este ciclo a causa de que los proveedores médicos engañados por el progenitor alienador, y aquellos que creen sus afirmaciones sin cuestionarlas a menudo rehúsan hablar con el padre objeto o permitirle acceso a los historiales médicos. El resultado para el niño es lo que Rand llama el abuso tipo MSP. Rand expande la formulación de Meadows del MSP como una forma compleja de abuso emocional aplicando los cinco tipos de mal trato psicológico de Garbarino. La investigación sobre el MSP muestra que a veces se solapa con otras formas de abuso o negligencia (36).

Progenitores Abductores de Niños.

Según Huntington, el robo por parte de un progenitor de un niño tras el divorcio ha ido en aumento desde mediados de los años setenta, paralelamente a la tasa de divorcios y al boom de los litigios sobre la custodia de los niños (18). Un progenitor abductor percibe las necesidades del niño como secundarias en relación con sus propósitos que consisten en provocar, agitar, controlar, atacar o torturar psicológicamente al otro progenitor. No debe extrañarnos, pues, que la abducción tras el divorcio sea considerada como una forma grave de abuso al niño. El maltrato psicológico puede predominar, o verse acompañado por el abuso y la negligencia físicos. Los progenitores abductores tienen la idea de que el niño estaría mejor sin el otro progenitor. Clawar y Rivlin descubrieron que los posibles abductores se sentían a menudo frustrados en sus esfuerzos por ganar acceso a sus hijos a través del sistema legal y se sienten “forzados” a abducir al niño (7). A veces están tan convencidos del terrible escenario que describían sobre el padre objeto que se sienten “sin otra alternativa” más que huir con el niño y ocultarse. Para obtener la cooperación de un niño en el mantenimiento del secreto, el abductor debe proseguir lavando el cerebro del niño con miedo al padre objeto y lo que sucedería si este pudiera encontrarles.

 

REFERENCIAS.

  1. Gardner R: Recent trends in divorce and custody litigation. Academy Forum 1985; 29:2:3-7
  2. Wallerstein JS, Kelly JB: Surviving the breakup: how children and parents cope with divorce. New York, Basic Books, 1980.
  3. Blush GJ, Ross KL: Sexual allegations in divorce: the SAID syndrome. Conciliation Courts Review 1987; 25:1:1-11
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