Filiación Matrimonial

PRESUNCIÓN DE FILIACIÓN MATRIMONIAL

Los modos de establecimiento de la filiación admitidos por el Derecho, están constituidos por un conjunto de reglas de prueba, las cuales tienen por finalidad esencial la de dar al niño sus padres verdaderos. Es decir, aquellos que le han dado la vida, que lo han engendrado, que lo han procreado. En suma, el sistema de pruebas en el derecho de la filiación, tanto matrimonial como extramatrimonial, se dirige al establecimiento de la verdad biológica.

Sin embargo, la búsqueda de la verdad biológica no es un criterio exclusivo ni absoluto del derecho de la filiación. A veces, otros criterios, como por ejemplo la voluntad individual, el interés del niño, la paz de las familias, los sentimientos y el orden establecido pueden desplazar la proclamación de la verdad biológica (artículo 376). De lo cual se deduce que no existe un derecho absoluto al conocimiento de sus orígenes.

La filiación matrimonial se funda en tres pilares fundamentales: el vínculo de filiación materno; el vínculo de filiación paterno y el vínculo conyugal entre los padres. ¿Cómo se establece la prueba de esos vínculos? La prueba del matrimonio no presenta mayores dificultades. Normalmente, es la partida de matrimonio expedida por los Registros del Estado Civil, instrumento público que proporciona la prueba del vínculo conyugal de los padres.

Respecto del establecimiento del vínculo de filiación materno, los modos de prueba susceptibles de establecer la maternidad son diversos: la partida de nacimiento, la posesión de estado, cualquier prueba escrita. En general, el principio que reina la materia es aquel que dispone que “es madre del niño aquella que lo alumbra”. La filiación materna supone entonces la reunión de dos hechos complementarios: el alumbramiento y la identidad del niño cuya mujer ha traído al mundo.

Respecto del establecimiento del vínculo de filiación paterno, los modos de prueba tradicionalmente admitidos se fundan en diversos índices, realidades, manifestaciones de voluntad y especialmente presunciones. Ningún niño es sometido, en el momento de su nacimiento, a la verificación de su origen biológico. Un principio tradicional proclama que la paternidad se presume: el matrimonio de los padres hace presumir la paternidad legítima. La particularidad de la filiación matrimonial es que la maternidad hace presumir la paternidad. Así, la prueba de maternidad constituye en sí misma prueba de filiación matrimonial.

Es necesario entonces examinar el significado de la presunción de paternidad, su fundamento y sus alcances.

1. Significado De La Presunción De Paternidad

El Código Civil establece la célebre presunción de paternidad: Pater is est quem nuptiae demonstrant (artículo 361). El criterio ordinario de la presunción es el nacimiento o la concepción durante el matrimonio. Poco importa que el niño haya nacido durante los primeros días del matrimonio, o durante los 300 días posteriores a su disolución. La aplicación de la presunción de la paternidad supone entonces la reunión de tres condiciones: el establecimiento previo de la filiación materna, el matrimonio de la madre con el presunto padre y la coincidencia entre el periodo del matrimonio y el momento de la concepción o del nacimiento. En suma, para que se aplique la presunción de paternidad es necesario, y es suficiente, que la madre haya estado casada en algún momento de la gestación.

Por un favor de la ley y con la finalidad de evitar, entre hermanos, discriminaciones fundadas en la fecha de la concepción, el Derecho beneficia de la presunción de paternidad a todos aquellos concebidos o nacidos durante el matrimonio de sus padres. Tesis sostenida vigorosamente desde el siglo XIX por Demolombe.

2. Fundamento De La Presunción De Paternidad

Si en la filiación matrimonial, la prueba del vínculo de filiación paterno se deduce de la maternidad de la esposa es porque el Derecho supone dos hechos. En primer lugar, que la esposa ha mantenido relaciones íntimas con su marido y, en segundo lugar, que solo las ha mantenido con su marido.

Estos dos hechos se sustentan a su vez en los deberes personales de los cónyuges. Por un lado el deber de cohabitar, de hacer vida en común, permité presumir que el matrimonio se ha consumado; es decir, la existencia de relaciones sexuales entre los esposos (artículo 289). Por otro lado, el deber de fidelidad hace suponer que la mujer es fiel a su marido (artículo 288). Más allá del deber de cohabitar y del deber de fidelidad, la presunción legal de la paternidad se funda en la vivencia matrimonial real de los padres.

3. Alcances De La Presunción De Paternidad

A partir del artículo 362 es posible advertir que en el Derecho peruano la filiación se funda en una presunción de moralidad y no en la verdad biológica del vínculo de filiación. Consecuentemente, la voluntad individual juega un rol determinante en el establecimiento de la filiación. En efecto, dentro de nuestra legislación civil, la presunción de paternidad aparece como una obligación y como un derecho del marido.

La presunción de paternidad es una obligación, en el sentido de que es por el matrimonio que el marido se compromete implícitamente a reconocer y a tratar a los hijos que su mujer pone al mundo como si fueran sus hijos (artículo 287).

Sin embargo, la presunción legal no es irrefragable. La ley admite la prueba en contrario. Corresponde al marido demostrar la existencia de hechos propios que pongan de manifiesto que no puede ser el padre. Es decir, demostrar que no ha sido el único en mantener relaciones sexuales con la madre o que ésta ha faltado a su deber de fidelidad.

No obstante, cabe advertir que la prueba del adulterio por sí sola no prueba que el marido no es el padre. En otras palabras, no es suficiente que el marido pruebe el adulterio de su mujer para atacar con éxito la presunción de paternidad. Un marido engañado puede ser el padre biológico de los hijos de su mujer. La contestación de la paternidad está sujeta a criterios estrictos (artículo 363).

La presunción de paternidad aparece como un derecho, en tanto es únicamente el marido, y nadie más que él, quien dispone de la facultad (o poder) de contestar la paternidad (artículo 367). En efecto, el legislador se opone radicalmente a la idea de que la presunción legal pueda ser cuestionada, en caso de adulterio, por la madre del niño y por su cómplice (es decir, el padre biológico del menor).

El Código Civil peruano consagra así una antigua y clásica tesis según la cual es necesario, en atención al interés del niño, proteger la legitimidad a cualquier precio. Pero es posible también que esta facultad discrecionaria concedida al marido, pues es libre de no ejercitarla, avale una actitud abusiva de su parte. En efecto, a pesar de estar convencido de su no-paternidad puede abstenerse de ejercer la acción contestatoria con el solo propósito de impedir el reconocimiento del niño por el verdadero padre.

Es permitido evidentemente dudar de que sea conforme al interés del niño atribuirle y mantener una filiación que no corresponda a su filiación biológica. Imaginemos el caso del hijo de una mujer casada con un hombre que no puede ser objetivamente ni materialmente el padre, sea porque es estéril o porque durante el periodo de la concepción abandonó el hogar conyugal, o estaba desaparecido, declarado ausente, raptado o en prisión. ¿Corresponde realmente al interés de ese menor conservar una filiación presumida respecto al marido de su madre, o convendría más bien desaparecer ese vínculo ficticio permitiendo al padre biológico del niño reconocerlo?

En el plano de la legislación comparada, algunos países han optado por esta segunda hipótesis. Desde 1972 el Código Civil francés reconoce a la madre, dentro de condiciones estrictas, la facultad de contestar la presunción legal de paternidad. Para remediar lo que en algunos casos fue considerado como un abuso de la presunción legal, el legislador francés subordina la interposición de la acción contestataria a lo siguiente: (1) la madre debe haber obtenido el divorcio del presunto padre; (2) contraído subsecuentemente matrimonio con el hombre que dice ser el padre del menor, (3) la acción contestataria debe ser interpuesta dentro de los seis meses siguientes a la celebración del nuevo matrimonio y (4) el niño debe tener menos de siete años. El objeto de la acción es naturalmente armonizar la verdad legal y la verdad biológica. En suma, probar que el segundo marido es el verdadero padre del menor.

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