Delito Contra La Persona

Sobre El Concepto De Delito Contra La Persona

Jakobs Günther

La respuesta habitual a la pregunta relativa a qué es un delito contra la persona podría ser la siguiente: la lesión de bienes de la persona. Si se formula en un sentido más estricto se trataría sólo de los bienes personalísimos, mientras en un sentido amplio -sobre el que se basa este trabajo- también englobaría otros bienes en tanto se trate de bienes de la persona. Más adelante se contestará a las cuestiones adicionales de qué significa lesionar y de qué bienes se trata. La primera cuestión se explica como perteneciente a la parte general del derecho penal como teoría de la causalidad, del dolo o de la imprudencia, entre otras. La segunda, como una cuestión de parte especial entendida como construcción teórica de las concretas figuras delictivas y sus peculiaridades, es decir, del homicidio, de las lesiones corporales, de las detenciones ilegales, así como otros atentados contra la libertad, y, de acuerdo con el sentido amplio de dehto, contra la persona, del que se parte en este trabajo, del hurto, de la estafa, de la administración desleal y otros delitos. Hasta el momento falta un desarrollo de las relaciones existentes entre dichos ámbitos, ya que mientras la doctrina se remite, por un lado, a reglas abstractas, por otro lado analiza figuras aisladas o, al menos, de una homogeneidad discutible. Es habitual que cuanto mayor sea la intensidad con la que un elemento del delito esté o parezca estar caracterizado por la sociedad con mayor facilidad se vea desplazado a la parte especial, tal y como ha sucedido con la teoría de la adecuación social que se ha explicado como conjunto de topoi para la interpretación de la parte especial’, o cuando se ha entendido que la teoría de la conducta no permitida se debía expulsar a la parte especial^. Sin embargo, la concreta configuración en la parte especial debe aparecer como una realización de la parte general, ya que, de lo contrario, no es más que azar y no merece la pena dispensarle tratamiento científico. En definitiva, los delitos contra la persona, o bien son una consecuencia del concepto de persona, o no son más que un cajón de sastre. En este trabajo se intentará llevar a cabo una construcción teórica a partir del concepto de persona, es decir, una homogeneización de las piezas sueltas. Para ello me limitaré a la persona tal y como está plasmada en el derecho penal vigente, discutiendo sólo ocasionalmente la legitimidad de dicha plasmación’.

 

LA PERSONA COMO CONCEPTO JURÍDICO

Comienzo con un ejemplo gráfico: ¿nos encontramos ante un delito contra una persona si un ser humano mata a golpes a otro ser humano en un momento histórico indeterminado.” Per se, no. Pues no ha quedado determinado si autor y víctima eran realmente personas, es decir, si se encontraban jurídicamente vinculados y, por ello, eran titulares de derechos y deberes’. Ciertamente hoy en día es evidente que cada ser humano es también una persona, pero históricamente dicha equiparación ha carecido de validez durante siglos. Desde una perspectiva jurídica lo relevante no es, pues, que un ser humano mate a otro (esto no es más que un suceso natural que, como tal, no puede ser delictivo) sino que una persona, infringiendo con ello su deber, mate a otra, que con ello ve lesionado su derecho. El delito no es más que la infracción del deber o, visto desde otro lado, la lesión del derecho de la persona. Las cosas no son de otra manera en relación con la (otra) propiedad; sólo si se trata de una propiedad que debe ser respetada por el autor se convierte la lesión en algo delictivo. Como es sabido, el fundador de la teoría del trabajo de la propiedad, JOHN LOCKE, pensaba que quien elaboraba una cosa o hacía que se elaborara adquiría por derecho natural un título de propiedad contra cualquiera. ROUSSEA le opuso la siguiente objeción: “¿Con qué derecho nos exigís remuneración por un trabajo que no os hemos encargado.?”. Esta objeción tiene como significado que el que no tiene que ofrecerle a los no-propietarios otra cosa que exclusión destruye la personalidad de éstos, y con ello la vinculación normativa. Es evidente, y nadie defendería otra cosa, que no son sólo el paso de la vida a la muerte por parte de la víctima ni la conversión de la propiedad a destruida o sustraída por sí mismas los resultados del delito, pues en cada minuto mueren en el mundo algunos hombres, en cada hora cientos y en cada segundo se degradan cosas de inmenso valor, sin que se pueda hablar de delitos. Los seres humanos mueren sencillamente como consecuencia de su debilidad senil; las cosas se echan a perder como consecuencia de catástrofes naturales, y todo ello no da lugar a una lesión jurídica. Tan trivial como suena, todo esto nos enseña que la vida y la propiedad no son bienes jurídicos en el marco de cualquier relación. Sólo son bienes jurídicos en el ámbito de un vínculo jurídico, mientras no son tales en relación con el entorno del derecho, es decir, con la naturaleza. En lo que respecta al contenido de dicha relación jurídica, con lo dicho hasta ahora queda fundamentada para cualquiera o, lo que es lo mismo, para cualquier persona que carezca de un estatus especial, una relación negativa a la que es preciso que me refiera en primer lugar. El otro no debe ser lesionado ni perjudicado de alguna otra manera. Si, por ejemplo, se encuentra en una situación de necesidad por infortunio, mala gestión o por una desgracia, nadie tiene que ayudarle, salvo claro está personas con el estatus positivo de auxiliador si se excluye el deber general de ayuda en los casos de catástrofe (§ 323 C. P. alemán). El derecho no es, en la medida que se trate de una relación negativa, una institución para maximizar bienes, sino la libertad; a cada uno le pertenece su ámbito de organización. No se debe entender un ámbito de organización de estas características como un ámbito claramente acotado, o sólo como un recinto con límites naturales, sino más bien como el total de todos los actos de configuración que una persona puede emprender sin perturbar a otros y, viceversa, que el otro continuamente lleva a cabo como atribución de su organización. Se trata, pues, como no cabía esperar de otra manera, de límites determinados normativamente. Si la arrogación de una organización comienza fuera del ámbito de organización y todo el que no-se-arroga se mantiene en el ámbito de organización, se puede formular en un sentido formal lo que se entiende como persona en el marco de una relación negativa: el ámbito de organización, y también lo que se entiende por un delito contra una persona: arrogación de una organización. Todo lo dicho hasta hora es válido también para la omisión en la medida que ésta atañe a las relaciones negativas de todas las personas. Por ejemplo, el que conduce un coche tiene que frenar, o el dueño de un perro tiene que llamarle en caso de necesidad; de lo contrario, se le imputa al titular de los deberes de seguridad el curso lesivo (el atropello de un peatón o el mordisco del animal en el cuerpo de un niño) como obra suya; se trata de una organización cuyo Output daña a otro y por ello usurpa una organización ajena en la medida que no impide dicho output. Esto también es válido para los denominados deberes de salvamento basados en la injerencia^. En estos casos parece ciertamente, en una primera impresión, que el autor no se arroga la configuración de una organización ajena ya que no la empeora sino que omite mejorarla. Sin embargo, esa apariencia se queda en el ámbito de lo fenotípico, pues el autor, debido a su organización precedente, tiene la incumbencia de no permitir desgraciadas consecuencias temporales y de otro tipo a la desolada situación de la víctima, por lo que en caso de omisión se trata consecuentemente de resultados de su organización. De nuevo un ejemplo: si un perro ataca, es indiferente si se le sujeta fuertemente en el acto o se tiene que buscar un vehículo para transportar a la víctima del mordisco. En todo caso la persona que está al cuidado del perro permite una expansión de su organización al ámbito de la víctima si no adopta las medidas necesarias; en todo caso su organización ha terminado donde no le corresponde, en el ámbito de organización de la víctima. Un delito contra la persona es la lesión de un derecho y, con ello, de una parte de la persona. La oración no se puede formular en sentido contrario: no toda lesión de un derecho de la persona es un delito contra la persona, sino en todo caso lo es la lesión de un derecho garantizado, es decir, de un derecho que constituye a la persona en su actual existencia, de manera que puede ser defendido mediante legítima defensa (propia o de un tercero)'”. Derechos de carácter más débil, especialmente simples obligaciones (que no se corresponden con un deber de garante del obligado), abren la posibilidad de ampliar la existencia de la persona pero no están garantizados. Anteriormente se ha expuesto cómo la persona se corresponde con su ámbito de organización, lo que no significa otra cosa que jurídicamente consiste en la continuidad en la coordinación y la administración de derechos y deberes. Si de partida se habla todavía de un titular de derechos y deberes, debería dejarse claro posteriormente que dicho titular no tiene que ser algo material. Aunque a las personas físicas se les adscriba un cuerpo, es suficiente, como en el caso de las personas jurídicas, la diseñada continuidad en la coordinación y la administración de derechos y deberes. KELSEN” lo formuló con acierto de la siguiente manera: “La persona física o jurídica, que -como titular- tiene deberes jurídicos y derechos subjetivos, es esos deberes jurídicos subjetivos y derechos subjetivos, es un conjunto de deberes jurídicos y derechos subjetivos, cuya unidad se expresa metafóricamente con el concepto de persona”. Por consiguiente puede sacarse la siguiente conclusión provisional: ni delinque el ser humano como esencia natural ni es la víctima de un delito contra la persona simplemente un ser humano. Más bien consiste tal delito en la lesión del vinculo jurídico, por lo que el resultado del delito es la lesión del derecho. Por ejemplo, el homicidio no es un delito porque acaba con una vida humana sino porque la persona tiene un derecho de mantenerse en su cuerpo; en concreto, porque ese derecho forma parte de la personalidad. El derecho no se ocupa de lo corporal sino de la propiedad del cuerpo. Ello significa que la lesión del derecho no se debe concebir como lesión de un cuerpo, sino sólo como ofensa del derecho a un cuerpo.

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