Concepto e Importancia del Alegato de Apertura

Concepto e Importancia del Alegato de Apertura

La litigación en el juicio oral está focalizada fundamentalmente en un debate sobre hechos, esto es, en una competencia de relatos o historias que los litigantes presentan a terceros imparciales que no poseen antecedentes previos sobre el caso, a excepción de los hechos que vienen sucintamente presentados en el auto de apertura del juicio oral. Dicho de otro modo, el juicio oral puede concebirse como la sede en la que los litigantes presentan su teoría del caso, su versión estratégica e intencionada de los hechos, de modo de persuadir al tribunal oral de su posición, contando para ello con evidencias que sean capaces de apoyar cada una de sus proposiciones fácticas y en definitiva su relato de lo ocurrido. Una de las herramientas con la que los litigantes cuentan en el juicio es precisamente el alegato de apertura, que da inicio a la actividad de  los litigantes en la tarea de convencer a los jueces de la coherencia y verosimilitud de su postura frente a los hechos. El alegato de apertura es el primer relato de las partes ante el tribunal oral en lo penal, cuyo objetivo principal es dar a conocer la teoría del caso y ofrecer a los jueces una mirada particular sobre los hechos. También puede conceptualizarse como aquel relato inicial que presenta los hechos desde la posición de cada litigante, con el objeto de ofrecer al tribunal una óptica, lente, o mirada coherente, completa y creíble de los mismos, a partir de la cual los jueces logren ordenar, entender y aceptar los hechos del caso. De lo que se trata es de intentar persuadir al tribunal oral con una teoría del caso definida, que logre formar en el tribunal una imagen de lo ocurrido y a partir de la cual pueda seguir la presentación de las evidencias del caso. Bien podría decirse que el alegato de apertura equivale de algún modo al guión resumido de una obra de teatro que le es entregada al espectador para que pueda de modo más sencillo, entender las distintas escenas que componen la obra, pudiendo de esta forma darle coherencia a los distintos momentos del desarrollo de la misma. Desde el punto de vista de la importancia estratégica del alegato de apertura, vale tener presente que se trata de la primera (y quizá única) oportunidad que tienen las partes para transmitir al tribunal el sentido y las características de la teoría del caso propia. En general, lo que hace el litigante, y obligatoriamente el fiscal, es mostrar las piezas centrales que constituyen el caso de una manera ordenada y comprensible. Al tratarse del primer momento en el cual el litigante se dirige al tribunal, el alegato de apertura puede ser aprovechado asimismo para mostrar un rostro humano del conflicto, y en especial mostrar seriedad y credibilidad. Desde la perspectiva estratégica de una defensa, también es recomendable

que ésta esboce en su alegato de apertura cuál es su versión particular de los hechos a  debatir en el juicio, renunciando a estructurar su apertura en torno a simples referencias sobre la carga de la prueba o a la presunción de inocencia que ampara a su defendido. En efecto, el señalar cuál es la versión de los hechos o al menos el señalamiento de debilidades centrales de la tesis fiscal si la defensa fuere pasiva, tienen entre otras las siguientes virtudes: a) señalar al tribunal que la versión del fiscal no es la única que escucharán durante el juicio; b) que la versión del fiscal, aun cuando en principio pueda parecer en extremo convincente, tiene el defecto que la defensa ya le ha anticipado y que acreditará a través de sus contraexámenes o por la prueba que rendirá durante el  curso de la audiencia, y c) también es conveniente esta estrategia para favorecer la tarea del tribunal al resolver objeciones sobre la pertinencia o no de determinadas preguntas.

Organización y Estructura del Alegato de Apertura

La estructura más común utilizada por los litigantes consiste en articular el alegato de apertura en tres partes: introducción, descripción de personas, hechos, contextos, y cierre o conclusión. Resulta importante aprovechar el inicio de todo alegato de apertura

para captar rápidamente el interés de los jueces, empleando para ello frases o ideas que los conecten con la relevancia del tema a tratar o lo distintivo que ese caso particular presenta. Debe evitarse el empleo  de lugares comunes o frases jurídicas formales irrelevantes. Algunas ideas para dar inicio a un alegato de apertura pueden ser las siguientes:

1. Inicie su alegato refiriéndose al “lema” del caso, esto es, a aquella frase que resume la cuestión que será conocida por el tribunal. Vuelva a utilizarlo durante el desarrollo de su argumentación y termine su alegato con dicha frase.

2. Conectar las primeras ideas con el nombre de la víctima o del acusado, según el rol del litigante, para generar un relato en torno a su posición en la teoría del caso.

3. Utilizar el “tema” determinado al formular nuestra teoría del caso. Nos referimos al bien jurídico y/o valor en debate en el juicio, como primera idea para graficar la relevancia de lo que se juzga. Esta idea resulta particularmente atractiva cuando se trata de delitos violentos o contra la libertad o indemnidad sexual.

4. Mostrar una persona u objeto que genere impresión en el tribunal, por ejemplo, en caso de ser fiscal o querellante, el arma de fuego empleada en el delito o una foto de la víctima o indicarla al tribunal presentándosela al mismo. En caso de ser defensor, indicar al acusado para presentarlo al tribunal utilizando alguna idea asociada a su vida personal que haya cambiado luego de su imputación y acusación.

5. Utilizar alguna referencia a un tema metajurídico para vincular el caso con ideas complementarias. La idea de utilizar como elementos iniciales del alegato de apertura -o en algún momento posterior del mismo— temáticas sociológicas, sicológicas, antropológicas u otras, se justifica por la necesidad de ganar la atención del juzgador, contribuir a dotar de sostén científico o técnico complementario a la petición que se realiza y dotar de mayor verosimilitud al hecho que se describe.

En efecto, buscar en otras disciplinas apoyos para justificar o explicar alguna acción, reacción o secuencia de hechos, permite acercar la mente del juzgador a conocimientos científicamente afianzados y contribuir incluso a consolidar las máximas de la experiencia que puedan relacionarse con tal conocimiento. Algunas ideas o datos que pueden ser utilizados para ejemplificar lo señalado son los siguientes:

a) Señalar estadísticas sobre el delito que se presentará. En caso de estar frente a un delito de violación, puede buscarse el número de violaciones que se cometen en el país cada día. De esta forma, si se estima que el juicio durará una semana, y el promedio indica una violación al día (este es un número arbitrario que no necesariamente corresponde a la realidad), puede señalarse a modo de inicio:

A este dato inicial puede agregarse aun la cifra negra de denuncias (la cifra que se emplea resulta ser arbitraria y no responde a la realidad). De este modo, se puede decir: “Señores miembros del Tribunal Oral, este juicio durará aproximadamente una semana, en el transcurso de la cual cinco personas serán violadas. Esa es la estadística oficial. De esas cinco personas sólo una se atreverá a denunciar a su victimario”. A ese dato estadístico puede añadirse un elemento de humanización de la víctima con lo que las ideas iniciales podrían quedar estructuradas de la siguiente forma:

“Señores miembros del Tribunal Oral, este juicio durará aproximadamente una semana, en el transcurso de la cual cinco personas serán violadas. Esa es la estadística oficial. De esas cinco personas sólo una se atreverá a denunciar a su victimario para llevarlo a juicio. Ese es precisamente el caso de….., sentada hoy en este tribunal”.

b) Utilizar estadísticas relacionadas con lugares, horas o modus operandi más frecuentes empleados en el delito que trata el juicio. Este tipo de información estadística será empleada preferentemente por el fiscal, aunque no resulta del todo descartable para el caso del defensor, pues se podrán presentar casos en que el delito por el que se acusa a alguien se salga precisamente de todos los patrones estadísticos, lo que unido a otros múltiples elementos, puede eventualmente contribuir a generar una duda razonable sobre la participación del acusado en dicho ilícito.

c) Incorporar datos sobre perfiles sicológicos más característicos de quienes cometen determinados delitos (datos que pueden resultar útiles para el alegato de apertura de la fiscalía) o en personas que pudieran mentir, engañar o distorsionar la realidad (en el caso de la defensa que desea presentar a la víctima como despechada, prejuiciosa o sesgada). Luego de las palabras iniciales y la eventual utilización de un “tema” y/o un “lema” relacionado con el caso, corresponde describir en palabras claras, elocuentes y directas la teoría del caso que se desea presentar al tribunal. Debe aprovecharse la apertura para entregar al tribunal la versión estratégica de lo ocurrido, la versión intensionada que logre generar en los jueces la capacidad de comprender el conjunto de acciones y hechos que luego formarán parte del relato y de los detalles del mismo. Por ejemplo, si se trata de la apertura de la defensa y el caso se vincula con el delito de violación, en el que se cree que el acusado está siendo víctima de un despecho de quien aparece como víctima, una posible aproximación a la teoría del caso a exponer sería la siguiente:

“Señores miembros del tribunal, este caso trata sobre el despecho de una mujer que, herida por la decisión de su pareja de terminar con ella, decide amenazarlo y luego denunciarlo por violación como parte de su represalia y rabia que no logró controlar”.

Aparece con claridad en este ejemplo que el alegato de apertura es precisamente el momento para exponer la teoría del caso en forma clara y precisa, hecho que permite desarrollar a continuación y en el mismo alegato de apertura otros elementos claros y persuasivos que entreguen más detalles sobre la versión estratégica expuesta. Otra idea asociada a la presentación de la teoría del caso dice relación con la utilización de ideas que permitan, en la mente de los juzgadores, realizar asociaciones y vinculaciones que lo predispongan favorablemente con la posición del litigante. Por ejemplo, si el rol desempeñado es el de fiscal en un caso de estupro, resultará relevante que la víctima sea (si es el caso) presentada como niña recién egresada del colegio, antes que decir que se trata de una joven que estudia en primer año de Universidad. Luego de exponer la teoría del caso puede el litigante ahondar en otros elementos de la apertura, que vayan dotando de verosimilitud y autosuficiencia a la teoría expuesta. De esta forma el litigante puede

optar por presentar algunas características de las personas involucradas en el hecho, lo cual posee como ventajas el acercar y humanizar a víctima o victimario según sea el caso al tribunal. Si el alegato de apertura es el del fiscal o querellante del caso, se buscará generar en los jueces una predisposición favorable para con la víctima, presentando aspectos de su vida personal o profesional o detalles sobre la forma en la que vivió el delito que permitan acrecentar su nivel de credibilidad y coherencia. Si el alegato de apertura lo realiza el acusado, entonces se buscarán antecedentes laborales, familiares u otros que permitan generar una idea o imagen positiva del acusado en los juzgadores. Por ejemplo, explicitar  que a pesar de las dificultades económicas que ha debido soportar el acusado, y dadas las condiciones del medio en el que ha vivido, tiene un fuerte compromiso social que se manifiesta a través de los diversos voluntariados que ha efectuado. Con ello se logra instalar una idea que contribuya a mejorar la imagen del defendido y predisponer positivamente al tribunal. Otro elemento a considerar para estructurar el aleato de apertura dice relación con la referencia a las evidencias a utilizar. No existe consenso en la doctrina sobre la importancia y utilidad que puede prestar la mención de la evidencia en el alegato de apertura; después de todo la apertura no tiene como característica el ser un momento procesal para aportar las evidencias. En esta línea se sostiene que lo relevante es utilizar el tiempo disponible en describir en forma persuasiva y clara la teoría del caso, para poder entregar al tribunal una plantilla o guión sencillo que facilite la comprensión del desarrollo del juicio desde la óptica que propone el litigante respectivo. Otra parte de la doctrina sostiene que resulta siempre útil agregar a la teoría del caso las referencias a la prueba que sostiene cada una de las partes del relato, aunque de un modo genérico, con el objeto que los jueces puedan relacionar posteriormente y durante el juicio, lo que pueden esperar de los testigos o peritos. No se trata de una discusión central, aunque ciertamente compartimos que la idea básica  y más relevante de toda apertura es focalizar la energía del litigante en la presentación de su versión de los hechos del caso, en su transmisión clara y categórica al tribunal y en rodear a tal teoría del caso de un relato fáctico, breve y persuasivo que entregue elementos para justificarla y comprenderla. A lo señalado resulta conveniente agregar que en el evento en que un litigante optare por hacer referencia durante su alegación de apertura a la evidencia que sustenta su relato, deberá tener especial cuidado en no exagerar en el curso de sus argumentaciones la calidad o bondades de la evidencia que aportará al juicio, pues ello puede traer aparejado los siguientes problemas:

a) Presentar la declaración de un testigo como sujeto clave del caso, arriesga el hecho que el testigo no entregue, por temor o nerviosismo, toda la versión, o en la forma convincente que se esperaba de él.

b) Exagerar la prueba, empleando palabras o frases determinadas que eventualmente el testigo transmitirá al tribunal, genera el riesgo que luego el testigo utilice las mismas frases o palabras, provocando la idea  que el testigo ha sido preparado incluso en la terminología a emplear, resultando poco convincente.

c) Otro aspecto que puede ser asociado en forma negativa a la exageración sobre la calidad de la prueba es que se genera una promesa y por tanto una expectativa ante el tribunal que podemos incumplir. Por otra parte, es recomendable seleccionar en los alegatos de apertura ideas que puedan ser rápidamente reconducibles a las máximas de la experiencia de la gente. Para desarrollar esta tarea resulta importante indagar sobre la composición del Tribunal Oral, conocer la edad de los jueces, el sexo de los integrantes, u otros detalles que contribuyan a definir lo que para tales jueces podría resultar aceptable como máxima de la experiencia. Debe dejarse deliberadamente para el final de la apertura, además de las peticiones y conclusiones clásicas, algunas ideas que refuercen lo central del caso desde la perspectiva del litigante. Para conseguir tal objetivo puede recurrirse a las siguientes ideas:

a) Terminar refiriéndose nuevamente a lo que hemos denominado el “lema” del caso.

b) Colocar una idea nueva vinculada a una máxima de la experiencia a la que se puede asociar el caso.

c) Mencionar algún aspecto particular sobre la víctima o acusado, según el caso, que predisponga favorablemente al tribunal.

Recomendaciones prácticas

A continuación se ofrecen al lector las principales recomendaciones formales que se han podido detectar a partir de los ejercicios de simulación y análisis de casos reales, las que podrán o no ser consideradas dependiendo del estilo particular del litigante y de las características del caso:

1. Sea breve. En efecto, la capacidad que poseen las personas para recordar hechos y detalles de los mismos es muy limitada, razón por la cual el alegato de apertura no debe ahondar en detalles (que sólo contribuirían en generar confusión en los jueces).  De lo que se trata  más bien es de seleccionar lo más relevante de la historia que se intentará acreditar, a fin de generar una plantilla fácil de manipular y utilizable frente a cada evidencia que se presente en el juicio, de modo de conectar cada prueba con el contexto de la historia general, dándole coherencia y comprensión a cada una de las miles de partes que componen cada juicio.

2. Utilice un lenguaje comprensible para todo espectador. Resulta aconsejable que al narrar la historia el litigante utilice un lenguaje que pueda ser entendido por cualquier ciudadano, evitando el empleo de terminología técnica o científica, que lo único que hace es generar dudas en el tribunal.

3. Emplear palabras que logren ser asociadas a sentimientos, sensaciones o ideas de carácter general y colectivo. Por ejemplo, no es lo mismo decir que el acusado conducía un vehículo a 100 kms. por hora, que decir que el acusado conducía un Porsche rojo deportivo a 100 kms. por hora, pues lo normal es que se asocie al conductor con una personalidad arriesgada, temeraria. Al estar insertos en una cultura de la cual hemos aprendido códigos culturales y asociaciones de imágenes y estereotipos, nuestras reacciones suelen estar condicionadas a la formación recibida. La relevancia de lo señalado se relaciona básicamente con la necesidad de encontrar y seleccionar para el alegato de apertura no sólo un relato, sino palabras que logren provocar en el destinatario aquellas ideas, imágenes o sensaciones que deseamos configurar, para luego predisponer al tribunal hacia una orientación particular de la historia.

4. Observar el comportamiento del tribunal. El litigante se dará cuenta si su relato ha resultado ser consistente y creíble a partir de los gestos que los propios tribunales expresen. Por ejemplo, el hecho que un juez esté tomando nota sobre ciertos puntos formulados durante el alegato  de apertura refleja que ha prestado atención, y por lo cual es conveniente hacer una pausa o volver a repetir la misma idea con otras palabras. De la misma forma debe tenerse en consideración que si los jueces no están anotando los puntos que consideramos de especial significancia en el caso, puede deducirse que hay problemas o inconsistencias en la estructura de nuestro alegato o en los énfasis de la estrategia que hemos adoptado. Debe recordarse que si bien existe un registro de audio del juicio, que logra grabar todo lo que en él se diga por parte de los litigantes, jueces, testigos y peritos, pudiendo ser consultado en cualquier momento por el tribunal, no es menos cierto que tal registro sólo es consultado de modo excepcional, pues cada juez escribe aquellos puntos que considera relevantes, siendo esa la base sobre la que posteriormente se construye el fallo del tribunal.

5. Claridad. El alegato de apertura puede ser ordenado cronológica o temáticamente, pero siempre de una manera lógica, razonable, repetible y efectiva.

6. Anticipar debilidades. Si el litigante conoce algún aspecto que la contraparte va a utilizar durante su relato, en el examen directo, o incluso en el alegato de clausura, bien vale la pena evaluar si es conveniente o no explicar tales debilidades en la apertura del juicio.

7. Dejar las conclusiones para el alegato de clausura. No es este el momento en que uno le explica al tribunal las conclusiones a las cuales debe llegar una vez conocidos los hechos, a lo más se puede reiterar la petición concreta que se formula.

8. Sólo si es necesario, utilice materiales que puedan servir de apoyo visual. Por ejemplo, si se trata de un delito económico en el cual han participado diversas personas, pertenecientes a numerosas instituciones, es probable que el tribunal no logre captar los traspasos monetarios y las figuras comerciales entre unos y otros, y un diagrama de flujos bien podría ser útil para aclarar la teoría del caso y la visión panorámica de los hechos.

9. Y a modo de comentario final, sea profesional y demuestre que ha trabajado seriamente en el caso. Por favor no lea, no aburra, no confunda, no utilice muletillas, no sea prepotente, vanidoso, frenético, nervioso, desordenado, soberbio, irónico… y si lo es, disimúlelo.

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